Desde El Averno
Por: Susuki Esmeralda G.

El equipo mexicano obtuvo un triunfo más en este mundial 2026 pero en la calle, perdió.
Cada triunfo del Tri en este Mundial 2026 se ha celebrado igual: con el Ángel tomado, con el Zócalo a reventar, con caravanas y con vidrios rotos, saqueos, detenidos y patrullas quemadas.

En Ciudad de México, tras el pase a octavos, la glorieta del Ángel terminó blindada porque la “celebración” dejó la muerte de cuatro personas. Tres fallecieron a causa de asfixia en medio de las aglomeraciones y una más tras sufrir convulsiones, 12 lesionados, 3 comercios vandalizados en Reforma y un policía con fractura de cráneo. En Monterrey, la Macroplaza fue un ring: pleitos entre aficionados y 40 detenidos. En Guadalajara, Minerva bañada en cerveza y en sangre: dos apuñalados por una discusión de “quién grita más fuerte”.

Cd. Victoria, Tamaulipas no se quedó atrás. El monumento del general Pedro José Méndez, a pesar de haber sido resguardado previamente con rejas, se volvió cantina sin licencia: botellazos, riñas y menores alcoholizados. Todo porque México metió dos goles.

“Ya hasta nos lo dijeron desde afuera”. El Gobierno de Inglaterra emitió una alerta para sus ciudadanos que andan en México por el Mundial: “Cuidado con robos y violencia en festejos masivos”. El ministerio de Asuntos Exteriores Británico desaconseja todos los viajes a ciertas zonas de México salvo en casos que sea estrictamente necesario.
La advertencia va tan en serio que los seguros médicos y de vida no cubrirán incidentes, si les pasa algo en esos eventos o si visitan estados como Tamaulipas por inseguridad. Es decir: si vienes a gritar gol y eres violentado, te atiendes solo. Tristemente México no solo espanta a los suyos, también a los de afuera.

Y por si fuera poco, el otro desorden: los besos sin control entre nacionales y extranjeros en las plazas públicas, olvidando toda norma sanitaria. Ni covid aún presente , ni la amenaza del Ébola rodante, ningún tipo de contagio es tomado en cuenta. El festejo se volvió feria de saliva, alcohol y cero pudor. Luego no pregunten por qué se elevan los contagios y las enfermedades.

¿De qué sirve ganarle a Inglaterra si no podemos ganarnos el respeto entre nosotros? Si no podemos festejar con nivel y dar ejemplo mundial de nuestra cultura.
El problema no es el fútbol. El problema es que confundimos fiesta con fuero. Que bajo la bandera creemos que todo se vale: manejar borracho, romper, robar, golpear. Que la autoridad le tiene miedo a poner orden porque “es la fiesta del pueblo” y reprimir no da votos.
Eso sin contar que los elementos de seguridad no se dan abasto para meter orden y sancionar actos vandálicos.

Gobernación ya reportó 5 muertos a nivel nacional ligados a festejos, un atropellamiento con 17 heridos en Cabo San Lucas, más de 200 detenidos y daños por 8 millones de pesos. Todo a 15 días del Mundial. Todo por “celebrar”.
Más de un millón de personas reunidas para festejar en total descontrol, personas irrumpiendo en lugares a la fuerza como en el Fan Fest de Monterrey, disturbios, personas manejando en estado de ebriedad, choques, destrucción en negocios y áreas públicas, han formado parte de estos “festejos”.
Y lo peor: lo normalizamos. Decimos “así somos los mexicanos, apasionados”. No. Apasionado es llorar un gol, cantar a todo pulmón, gritar de alegría, etc. Esto es violencia. Es un desorden público disfrazado de verde, blanco y rojo.

El Tri juega para unir. Pero al parecer millones de mexicanos están usando sus triunfos para desahogar la frustración que se trae cargando: la del agua que no llega, la de la quincena que no alcanza, la de la calle que no sirve. Como un desfogue de frustración parece tanto desorden lejos de un festejo lleno de alegría y orgullo.
Sin embargo, estos factores no justifican dichas acciones. ¿Cómo será la reacción si perdemos?

El Mundial se va en julio. Pero las patrullas quemadas, los negocios rotos, los turistas advertidos y los muertos no los revive nadie. Esa es la goleada que sí nos duele.

México necesita terapia, no solo goles. Necesita aprender que celebrar no es destruir. Porque hoy, cada triunfo en casa nos cuesta un pedazo de país… y la poca reputación que nos queda.

Hasta la próxima entrega ¡Saludos cordiales desde el Averno!