CUADRANTE POLITICO——–POR FERNANDO ACUÑA  PIÑEIRO—-

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     Paradójicos son los caminos del poder. En 2027 y 2028,   México, su Presidenta Sheinbaum y  MORENA podrían enfrentarse a un Trump, sin dientes políticos,  gracias al voto del pueblo norteamericano. Pero para ello faltan cuatro meses.

 Ciento veinte días que serán de pronóstico reservado.

Justo en la mitad del 2026, a cuatro meses de las elecciones intermedias a celebrarse el 3 de noviembre, el alto costo de la vida en USA, ha disparado el rechazo ciudadano hacia el Presidente Trump.  Siete de cada diez norteamericanos reprueban su gestión.

 Un 62 por ciento de la población  de ese país, desaprueba  la manera como gobierna  el actual jefe de la Casa Blanca.

   Si  los republicanos con Trump a la cabeza, llegasen a perder la cámara de representantes y el senado, así como varias de las 39 gubernaturas que estarán en juego,  que sucedería en México?

Hablamos de un hipotético e  insólito vuelco en la correlación de fuerzas donde los demócratas se prepararían para saltar sobre el poder en la elección presidencial del 2028.

¿Cómo se traduciría   ese nuevo escenario para la clase política morenista que se ha visto especialmente  asediada desde los altos niveles de la seguridad nacional estadounidense?.

    Ciertamente, la debacle trumpista no cancelaría en automático la lupa de USA en torno a  temas como el huachicol y el fentanilo. Pero  sí desaparecería el estridentismo y el acoso sistemático de la ultraderecha en nuestro país.

  Los factores de esa transformación al estilo gringo, para efectos de nuestra política interior, serían los siguientes:

     El reacomodo de fuerzas en espacios estratégicos como la cámara de representantes,  con una nueva mayoría demócrata,  le pegaría a la actual política persecutoria. Y a sus embestidas intervencionistas, que actualmente mantienen en vilo a nuestro país.

  La agresividad retórica y narrativa utilizada actualmente por el gabinete trumpista contra políticos mexicanos,  cedería su lugar a una relación más diplomática, en la cual se mantendrían exigencias. Pero ahora ya alejadas del termómetro electorero, tal y como ahora sucede con un gobierno trumpista empeñado en usarnos como trampolín electoral, a base de echarnos la culpa de lo que allá  sucede.

 Definitivamente un nuevo sistema de contrapesos de poder en USA, acotaría el lenguaje duro y las embestidas del gobierno trumpista.  No se puede decir que con los demócratas todo sería miel sobre hojuelas, pero  la relación bilateral entre ambos países, ya no estaría sujeta a tensiones y amenazas.

  Esto obedece a que, si bien un derrotado Trump mantendría su  control sobre agencias como la DEA o el FBI, también es verdad, que tendría un freno de mano, operado por el Congreso.  

  Este cambio en USA,  tan anhelado en secreto desde Palacio Nacional, fortalecería el discurso soberanista de la Presidenta  Sheinbaum. Y si aludimos a las fechas, las elecciones de 2027,  ya no estarían tan expuestas al escrutinio injerencista de USA, tal y como ahora se perfilan.

  En el caso específico de Tamaulipas que relevará su gubernatura en 2028, aunque usted estimado lector lo dude, también  podrían tener consecuencias. Especialmente en  el debilitamiento de la guerra sucia, utilizando campañas de  lodo que han dejado de lado los perfiles y potenciales de las candidaturas, para centrarse en fantasmales expedientes.  

  Hoy como nunca antes había ocurrido en México, la democracia interna del partido en el poder, depende mucho de lo que suceda o deje de ocurrir en la política estadounidense.

 De manera que faltan solo cuatro meses y tres días, para  ver como le va a Trump ante sus electores.  A México y a su clase política, solo les queda resistir de todo. Desde chicanadas mediáticas como la de L.A Times, hasta amenazas por parte de altos funcionarios gringos.