Desde El Averno
Por: Susuki Esmeralda G.
Tamaulipas tiene dos récords este junio: el sistema lagunario del sur está al 101.33%, el nivel más alto en 25 años. Y las presas del norte, Falcón y La Amistad, agonizan al 4.7% y 4.6%. Un estado, dos realidades.
Al parecer el sur respira por ahora, después del colapso de 2024, cuando el Chairel-Tamesí se secó por primera vez en la historia, hoy las lagunas de Tampico, Madero y Altamira están llenas. Pero el respiro es prestado. Conagua y el Gobierno desplegaron un operativo urgente en el río Tamesí porque detectaron más de 80 tomas clandestinas. Sólo 23 tienen concesión. El resto es “huachicoleo” de agua, saqueo puro que le roba caudal a un millón de personas.
El secretario Raúl Quiroga lo dijo sin rodeos: “Fue una crisis brutal que puso contra la pared al sur de Tamaulipas y no vamos a permitir que vuelva a ocurrir”. El problema es que ya está ocurriendo. Las tomas están “camufladas” entre monte y río, cada litro robado es un litro que no llega a tu llave.
¡El norte se encuentra secó!, mientras el sur presume lagunas, el norte se muere. La Amistad al 19.3% y Falcón al 15.3%. Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo y Río Bravo están en semáforo rojo. 16 de 43 municipios en situación crítica. 200 mil hectáreas de cultivo en riesgo. El Distrito de Riego 025 no tiene autorización para regar porque, simplemente, no hay agua.
Y encima le debemos agua a Estados Unidos. México sólo ha entregado 39% del volumen del Tratado de 1944. Pero las presas están vacías. Los productores advierten: “no hay agua para pagar el adeudo”. Si el gobierno cumple, el norte se queda sin sembrar.
La culpa es del papel, no de la nube, pues aquí no es solo sequía. Es sobre concesión. Entre 2020-2023, Conagua aumentó 117% los permisos en la cuenca Guayalejo-Tamesí. Si sigue así, en 5 años estará sobreexplotada. Regalamos en papel lo que no existe en la tierra.
Hoy, Tamaulipas usa entre 40% y más del 80% de sus reservas renovables. Nuevo Laredo está en “estrés hídrico extremadamente alto”: más del 80%. Eso, en lenguaje de la ONU, significa colapso.
El gobierno presume operativos, ejemplo en mayo de 2026 detectaron 70 tomas irregulares en el río Guayalejo. ¿Y las denuncias? Cero. El año pasado pasó lo mismo. Conagua reporta, pero no sanciona. El Senado ya aprobó que la Guardia Nacional entre, pero mientras el agua se la roban muchos ganaderos, agricultores y hasta industrias. El huachicol ya no es solo de gasolina: es de agua. Y sin detenidos.
Pemex quiere hacer fracking en la Cuenca de Burgos, pero no hay agua ni para la gente. La solución que ofrecen es usar agua salada o tratada. Traducción: vamos a exprimir el subsuelo para sacar gas mientras 16 municipios no tienen para tomar.
En Tamaulipas se concesiona lo que no hay. Se roba lo que sí hay. Se promete un dique para 2026 cuando el río se secó en 2024. Se llena la laguna hoy y se olvida que mañana empieza el estiaje.
El sur tiene agua hasta que dure el huachicoleo y el calor. El norte ya no tiene. Y los dos pagan la misma factura: una clase política que administra la abundancia con permisos y la escasez con discursos.
Si no se cancela la sobre concesión, si no hay cárcel para el huachicolero de agua, si no se le dice a Texas que no hay con qué pagar, el 2026 será otro 2024. Solo que esta vez, ni el Chairel nos va a salvar.
El agua no se acaba: se la acaban. Y en Tamaulipas, los que la acaban tienen nombre, apellido y concesión.
¡Hasta la próxima entrega, saludos cordiales desde el Averno!