Por La Libre
Por Edelmira Cerecedo García.
A escasos días de conmemorarse el Día de la Libertad de Expresión en México, resulta inevitable abrir una reflexión seria sobre el papel que hoy desempeñan los medios de comunicación y la enorme responsabilidad que implica informar.
Porque la libertad de expresión no es una patente para acusar sin pruebas.
No es una licencia para construir culpables desde una redacción.
No es un permiso para convertir rumores en titulares.
La libertad de expresión es uno de los pilares más importantes de toda democracia, pero precisamente por su importancia exige responsabilidad, ética y rigor profesional.
Por eso llama poderosamente la atención que, justo en estas fechas, se haya pretendido colocar sobre la opinión pública una narrativa que busca vincular al gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, con actividades criminales, sin que hasta el momento se hayan presentado pruebas contundentes que respalden semejantes señalamientos.
Y la respuesta del mandatario fue clara.
Mostró su visa vigente ante los medios de comunicación, negó categóricamente cualquier relación con organizaciones criminales y rechazó las versiones que aseguran restricciones por parte de autoridades estadounidenses.
Lo hizo de frente;
Sin evasivas;
Sin intermediarios;
Con un documento en la mano y una postura pública que cualquiera pudo observar.
Lo verdaderamente preocupante no es la respuesta del gobernador.
Lo preocupante es la ligereza con la que algunos pretenden que una acusación sustituya a una investigación y que una versión termine siendo presentada como sentencia.
El periodismo serio cuestiona al poder, investiga, documenta y exhibe irregularidades cuando existen.
Pero también verifica.
Contrasta; Corrobora;
Prueba.
Cuando esos elementos desaparecen, el periodismo pierde fuerza moral y se convierte en un simple instrumento de especulación.
Y eso debería preocuparnos a todos.
A los periodistas auténticos, que todos los días arriesgan prestigio y credibilidad para informar con honestidad.
A los ciudadanos, que tienen derecho a conocer la verdad y no versiones construidas sobre fuentes imposibles de verificar.
Y a la democracia misma, que necesita medios fuertes, sí, pero también responsables.
Estamos por celebrar la libertad de expresión, una conquista histórica que costó décadas de lucha y que merece ser defendida todos los días.
Precisamente por eso hay que decirlo con claridad:
La libertad de expresión no puede convertirse en refugio de la irresponsabilidad.
La crítica es válida.
La investigación es necesaria.
La denuncia es indispensable.
Pero las acusaciones graves exigen pruebas graves.
Porque cuando la evidencia desaparece y sólo quedan los rumores, ya no estamos hablando de periodismo.
Estamos hablando de imprudencia.
Y la imprudencia jamás debe confundirse con libertad.
UAT
La educación que llega donde antes no llegaba
Mientras muchos hablan de ampliar oportunidades, la Universidad Autónoma de Tamaulipas lo está haciendo realidad.
Bajo el liderazgo del rector Dámaso Anaya Alvarado, la UAT continúa acercando la educación superior a municipios donde antes estudiar una licenciatura o un posgrado implicaba trasladarse largas distancias o incluso abandonar proyectos personales.
Las Unidades Regionales de Transferencia del Conocimiento instaladas en González, Jiménez, San Fernando y Tula representan una alternativa concreta para cientos de jóvenes y adultos que buscan superarse académicamente sin salir de sus comunidades.
Con programas de bachillerato, licenciaturas, ingenierías y posgrados en línea, acompañados de tecnología y asesoría docente, la UAT demuestra que la educación puede ser inclusiva, moderna y cercana.
Cuando una universidad llega a donde antes no tenía presencia, no solo lleva conocimiento; lleva oportunidades, desarrollo y esperanza para toda una región.
Y eso siempre será una buena noticia para Tamaulipas.