Golpe a golpe
Por Juan Sánchez Mendoza
Un grupo de analistas y líderes de opinión coincide en vaticinar que habría problemas en los seis partidos para seleccionar candidatos a diputados de corte local y ayuntamientos, a jugarse en el proceso electoral recurrente, a instalarse en septiembre próximo.
Y es que si el grueso de los aspirantes no logra penetrar +/- bien en el ánimo poblacional sería por falta de trabajo territorial aceptable, hasta el grado de que, al abrirse los procesos internos, el balance general sería que sólo han generado hartazgo y exhibido incompetencia durante su función legislativa o en el ejercicio público.
Así ocurriría porque las decenas de pretendientes, como sus asesores sabelotodo, los panegiristas que los acompañan y uno que otro aprendiz de político, han sustituido el trabajo comunitario y su presencia política con el pleito estéril.
A la menor provocación, ellos y sus corifeos se lanzan al cuello de sus adversarios –con todo–, sin que les importara que los ojos de la ciudadanía estén puestos en ellos, ni que sus riñas motiven la crítica fundamentada de los medios de comunicación masiva, que, ante lo insulso de los pronunciamientos y sus propuestas (of the record= han optado en destacar otros temas, aunque estos resultasen de menor trascendencia.
Todos sabemos cuáles son los problemas centrales que aquejan a la población.
De ahí que los mensajes actuales de quienes aspiran ser candidatos no aporten mucho, aun cuando, en entrevistas de prensa o en su perorata cotidiana –magnificada en redes sociales–, saquen a relucir una trillada letanía.
Así, lo que ve, lee y escucha el elector, en todo caso, no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones, cuya diferencia entre uno y otro prospecto lo marca el énfasis que cada cual aplica a su discurso.
El problema de bajo perfil que registran igual se da porque no razonan sobre las necesidades de los segmentos poblacionales que habitan en los distritos y/o municipios que pretenden encabezar constitucionalmente, sino por la manera ambigua en que plantean superarlas.
Es decir, no exponen con claridad cuáles serían sus estrategias específicas partiendo de lo que hasta ahora se ha realizado y/o dejado de hacer.
Esto es lo que podría distinguir a un proyecto de otro.
Por tanto, ningún sentido tendría que hicieran berrinches cuando se les avise de qué lado masca la iguana.
Por cierto, hay una sabia conseja popular que advierte: “en boca cerrada, no entran moscas”.
Pero la sentencia no la entienden ni atienden (puntualmente) los políticos que, seducidos por el canto de las sirenas, acostumbran dar rienda suelta a su locuacidad, buscando los reflectores y declarando cuanto se les ocurre por el simple placer de considerarse noticia, sin entender que su actitud lejos de fortalecer su imagen, lo más que provoca es poner en entredicho sus méritos.
La falta de sensibilidad, en ellos, ha sido una constante.
Igual que la imprudencia y la emisión de juicios a la ligera, por lo que se hace indispensable que los altos mandos partidistas tomen cartas en el asunto y de una vez por todas les haga saber que, en este proceso por salud de las mismas organizaciones, ningún aspirante puede ni debe manejarse por ‘la libre’.
Ello significa que todos, absolutamente todos los pretendientes a las candidaturas (del nivel socioeconómico, grupo y posición en el poder que fuere), obligados están a conducirse en una misma línea: la que marquen sus dirigentes.
A menos que en allá, en el fondo, su compromiso sea con otra gente y con un proyecto político distinto.
Los madrugadores
En las encubiertas pre-campañas que algunos aspirantes a candidatos a diputados federales y locales (y a las alcaldías) realizan por la geografía estatal, día tras día se comprometen a respetar las formas y los tiempos de cada organización política para seleccionar candidatos.
Y me refiero a todos los partidos.
También afirman no andar buscando ninguna promoción política y estar entregados de tiempo completo a su trabajo en la administración pública, el Congreso local o en sus feudos; y con toda desfachatez recurren a la trillada frase de que son simples soldados de las organizaciones.
De dientes para afuera, claro está, porque en la práctica andan más calenturientos que los propios candidatos naturales.
Es más, hasta se dan el lujo de adelantar que las nominaciones programadas serían finalmente de unidad –siempre y cuando resulten favorecidos–, pero éstas habrán de definirse hasta diciembre próximo, seguramente.
No antes, ni a capricho de los acelerados.
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