Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz
Parafraseando el eslogan de Sectur federal, “El turismo en Tamaulipas está de moda”,
y es que se habla mucho de la creciente afluencia a nuestras playas, que se cuenta
por millones. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, aunque es una
actividad importante que genera derrama económica, en muchas ocasiones su éxito
se ve acompañado de diversos problemas que, a la postre, pueden dejar más
afectaciones que beneficios.
El incidente ocurrido la semana pasada en La Pesca, en el que un menor murió
a causa de un atropellamiento en la playa, pone el foco en lo que debemos cuidar
ante la creciente demanda de visitantes. Con esto me refiero a que la infraestructura
que se necesite para hacer crecer la industria turística no debe estar sustentada en lo
que el turista quiere y le debemos dar, sino más bien en planear a partir de lo que
tenemos y preguntarnos cómo queremos conservar el paisaje antes de modificarlo y
alterarlo en pos de un turismo masivo, irracional y destructivo.
El turismo en Tamaulipas está sustentado en el patrimonio natural, que es abundante,
variado y excepcional, sin embargo cada vez se encuentra más amenazado por las
“diversiones” o “atracciones” para que el turista tenga “experiencias extremas” como
pasear en razers o cuatrimotos por la orilla de la playa; recuerdo que hace poco años
que visité Barra del Tordo me impresionó la gran cantidad de cangrejos que al
atardecer había en la playa y que inevitablemente algunos eran atropellados al cruzar
la carretera, sin embargo, el año pasado me impresionó ver muy pocos y muchos
atropellados por las cuatrimotos que circulaban por la playa, alterando la paz y
tranquilidad de quienes nos encontrábamos pasando un momento de calma y
relajación.
Mucho se habla a nivel mundial del turismo sustentable; sin embargo, este término
empieza a ser desplazado por el concepto de turismo regenerativo, que, más allá de
elegir morir lentamente, como sería una acción sustentable, propone formas de
convivencia para sumarse a la naturaleza.
El turismo regenerativo comienza con una pregunta: ¿Qué quiere el lugar (playa,
bosque, lago, sierra, río) que yo haga por él? En lugar de pensar en el turismo
tradicional, ¿qué quiero hacer con el lugar, en cuanto a construir hoteles, instalar
atracciones, etcétera?
Para llevarlo a cabo, se necesita saber qué tipo de turismo queremos recibir y qué
experiencias quiere tener el visitante; así podemos decidir si queremos que nuestras
playas, bosques, ríos y montañas se conserven, se regeneren. Tenemos que pensar
que somos parte de la naturaleza y no que esta es una mercancía que debe venderse
de manera descontrolada dejando que los vehículos 4×4 corran por las playas, entren
en caravana por la sierra, destruyan cavernas y ahuyenten a los animales, destruyan
la vegetación y contaminen el suelo.
Tamaulipas es rica en patrimonio natural, y este es un momento muy oportuno para
detener las hordas de turistas irracionales, estableciendo de manera planificada
políticas que permitan el disfrute del visitante y la preservación de nuestros tesoros,
que desde hace miles de años se han conservado hermosos.
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