Por Jaume Osante.
A ver… aquí ya no estamos hablando solamente de vacaciones adelantadas por el Mundial. Eso ya quedó establecido que será como se tenía planeado el ciclo escolar. Lo que parecía un simple anuncio administrativo terminó dejando ver algo mucho más delicado: las tensiones que empiezan a notarse dentro del propio poder.
No sé si usted lo noto, pero se alcanzo a ver hasta la cocina. Recuerde que en política de deben cuidar las formas, siempre lo escribo.
Ahí estaba Mario Delgado Carrillo rodeado de secretarios de Educación de todo el país, hablando prácticamente como un hecho del adelanto del cierre escolar. El mensaje era claro: control, respaldo, decisión tomada. Y vámonos.
Pero horas después aparece la Presidenta Claudia Sheinbaum bajándole el tono. “Todavía es una propuesta”, dijo. Nada definitivo. Y así lo fue.
Y en ese momento el tema dejó de ser educativo. Se volvió político.
Porque cuando un secretario se adelanta… y la Presidenta lo corrige públicamente… es porque algo se está moviendo dentro del tablero, y fue más que obvio el mensaje.
Y aquí vale decir algo que muchos entienden: Mario Delgado viene del núcleo más cercano al obradorismo original. Su historia política está mucho más ligada al grupo de Andrés Manuel López Obrador que al círculo propio de Sheinbaum. ¿Me entiende?
Y quizá ahí está el verdadero fondo del asunto.
Porque empieza a sentirse que dentro de Morena ya conviven dos dinámicas distintas. Una que busca mantener intacta la lógica política construida durante el sexenio de López Obrador… y otra que intenta acomodar el movimiento alrededor del nuevo liderazgo presidencial bajo el mando de Sheinbaum. No necesariamente ruptura. Pero sí reacomodo.
Y cuando el poder se reacomoda, aparecen los mensajes entre líneas.
Más todavía en un contexto donde también empiezan a circular investigaciones sobre huachicol fiscal, presiones desde Estados Unidos, nombres de políticos morenistas mencionados en medios internacionales y rumores sobre posibles procesos contra figuras cercanas al viejo círculo de operación política y al nuevo mando.
Claro, aquí también hay que poner pausa y no caer en excesos. Muchas cosas siguen siendo versiones, filtraciones o estrategia mediática. No se puede convertir la especulación en sentencia.
Pero tampoco se puede ignorar que algo está cambiando o de perdido, se esta moviendo y fuerte.
Porque Morena ya no se ve como aquel bloque completamente compacto de hace unos años. Ahora empiezan a notarse pequeñas correcciones públicas, ajustes internos, disputas silenciosas por posiciones y algo todavía más importante: la pelea por el control del relato político.
Y curiosamente, hasta un tema escolar terminó convirtiéndose en una señal de autoridad presidencial.
Como si el mensaje fuera otro: aquí nadie anuncia nada antes que Palacio Nacional. ¡Zas!
Y eso revela algo que quizá no se decía tan claramente al inicio del sexenio: el poder dentro de Morena ya no fluye automáticamente. Ahora necesita ordenarse, marcar jerarquías y dejar claro quién toma la última decisión. Aun hay confusión con Palenque.
Porque cuando un movimiento deja de tener un solo centro de gravedad… empiezan las fricciones. Primero discretas luego visibles.
Y tal vez eso es justamente lo que estamos empezando a ver. ¿Será que Sheinbaum se esta sacudiendo «todas las pulgas? Veremos que pasa en los próximos días.
Porque callar también es decidir… ahí se los dejo, para pensarlo con calma o con coraje.
Saludos cordiales.