EN PERSPECTIVA

POR: OMAR ORLANDO GUAJARDO LÓPEZ

Trump endurece el discurso contra MORENA
El alarmismo mediático mexicano
San Pedro y las narrativas del huachicol fiscal

Estados Unidos quiere amedrentar a MORENA tirando el petate del muerto.

Primero fue el escándalo por los agentes estadounidenses descubiertos operando en Chihuahua en medio de versiones de presuntos vínculos y protección política que terminaron golpeando a la gobernadora Maru Campos. Después vinieron las acusaciones contra Rubén Rocha Moya, justo cuando Washington necesitaba equilibrar el costo político y diplomático que había generado el caso Chihuahua. Luego apareció Donald Trump diciendo que si México “no hace el trabajo”, ellos lo harán. Y enseguida comenzaron las teorías, columnas y análisis de periodistas nacionales actuando como si los Marines ya estuvieran cruzando Tamaulipas.

México no es Venezuela.
Y quizá se parece más a Irán de lo que algunos quisieran aceptar.

Porque este país tiene algo que Washington entiende perfectamente: territorio, frontera, comercio y migración como herramientas de presión real. Aquí no existe margen para aventuras militares disfrazadas de cooperación antidrogas sin abrir un conflicto político, económico y social de dimensiones continentales.

Trump endurece el discurso porque sabe que el miedo funciona. Y parte del aparato mediático mexicano hace el resto.

Ahí está el caso de San Pedro Garza García.

Existen investigaciones reales sobre huachicol fiscal. Hubo cateos. Y aparecen personajes como Roberto Blanco Cantú, “Roberto Brown”, y el excontralmirante Fernando Farías Laguna ligados públicamente a redes de contrabando de combustible y operaciones bajo investigación federal.

Pero mientras algunas columnas ya hablaban prácticamente del derrumbe total del régimen y de operativos internacionales contra Morena, varias detenciones terminaron vinculadas a delitos distintos a los que originalmente se insinuaban mediáticamente.

Ese es el petate del muerto: tomar hechos parcialmente ciertos y convertirlos en una película de intervención inminente.

Porque una cosa es la presión política de Washington y otra muy distinta imaginar que Estados Unidos puede entrar a México como si estuviera frente a un territorio derrotado.

¡Pero no! México sigue siendo demasiado importante para la economía estadounidense, para el control migratorio y para la estabilidad regional como para convertirlo en escenario de una confrontación abierta.

Por eso todo ocurre en el terreno narrativo: declaraciones, filtraciones y amenazas. Columnistas jugando a la geopolítica desde estudios de televisión y redes sociales.

Y claro, nunca faltan los periodistas, opinadores y políticos mexicanos que parecen emocionarse cada vez que Washington amenaza a México, como si llevar años apostando por una intervención extranjera los hiciera sentirse moralmente superiores o políticamente vindicados.

Los mismos que llevan años anunciando la caída definitiva del Estado mexicano… y terminan decepcionados cada mañana cuando descubren que todavía no aterrizan los helicópteros en el Zócalo.

Porque en la lógica del petate del muerto que hoy intentan construir sobre Morena, hay quienes olvidan que la historia reciente de México ya dejó un nombre condenado en Nueva York… y no salió precisamente de la 4T.