Por La Libre

Por Edelmira Cerecedo Garcìa

Hay movimientos que parecen simples firmas de escritorio, puro protocolo, pura foto para el boletín… pero hay otros que sí pueden moverle el piso a las cosas. Y el convenio que firmó la UAT con el Poder Judicial Federal entra justo en esa categoría.

Porque seamos sinceros, durante años miles de estudiantes de Derecho han salido de las universidades con el título bajo el brazo, mucha teoría aprendida, citas de memoria y hasta debates bien armados… pero con un problema gigante: cero contacto real con cómo se mueve la justicia en México. Y ahí es donde muchos terminaban topándose contra la pared.

Ahora la UAT abre una puerta distinta. No una simulación. No una visita guiada para la foto. Estamos hablando de meter a estudiantes directamente a espacios jurisdiccionales y administrativos del Poder Judicial Federal. O sea, ver desde adentro cómo se toman decisiones, cómo se construyen expedientes, cómo funciona realmente el aparato judicial que tantas veces se critica desde fuera.
Y eso importa muchísimo.

Porque México no necesita solamente más abogados; necesita mejores abogados. Gente con preparación, sí, pero también con criterio, ética y experiencia real. Jóvenes que entiendan que la justicia no es un discurso elegante ni una toga para presumir poder, sino una responsabilidad enorme que impacta la vida de las personas.

La parte más interesante del asunto fue ver que no se quedó en el clásico “vamos a trabajar coordinadamente” y ya. Ahí estuvieron presentando a nueve alumnos de excelencia que ya se integran a la Secretaría Ejecutiva de Carrera Judicial y Especialización. Eso ya es aterrizar las cosas. Ya es abrir oportunidades reales.

Y ojo, esto también rompe otro mito muy mexicano: el de que las oportunidades grandes solamente están reservadas para quienes tienen padrinos o apellidos pesados. Muchos de esos estudiantes vienen de historias de esfuerzo brutal, familias que hacen sacrificios enormes para que sus hijos estudien. Para ellos, entrar al entorno del Poder Judicial Federal no es cualquier cosa; puede cambiarles literalmente el rumbo de vida.

También hay otro detalle que no debe pasar desapercibido.

En tiempos donde la confianza en las instituciones anda golpeadísima, acercar a las nuevas generaciones al servicio público puede ayudar a reconstruir algo que hace mucha falta: credibilidad.
Porque si los jóvenes llegan con otra mentalidad, más preparada y menos contaminada por las viejas prácticas, quizá sí exista la posibilidad de empezar a ver una justicia más cercana y menos lejana para la gente común.

Claro, tampoco hay que romantizarlo todo. Un convenio por sí solo no arregla el sistema judicial ni desaparece la corrupción de un plumazo. Pero sí puede sembrar algo importante: una nueva generación que conozca el sistema desde dentro antes de caer en los vicios de siempre.

Y en medio de tanto ruido político, tantas grillas y tantos discursos reciclados, se agradece ver una noticia donde el tema central no sea quién se peleó con quién… sino quiénes tendrán una oportunidad para crecer, aprender y servir mejor.

Porque al final del día, , las instituciones cambian cuando cambia la gente que las integra. Y eso empieza justamente así: abriendo puertas.

Educación entre contradicciones.

El problema no fue solamente la propuesta de adelantar vacaciones escolares, sino la forma tan desordenada en que el gobierno manejó el tema. Primero se habla de cambios al calendario, después vienen las críticas y entonces aparece la aclaración de que “todavía no hay nada definido”.

Otra vez la misma historia: lanzar ideas sin medir el impacto social y luego intentar corregir el discurso.

Mientras el gobierno asegura que la educación es prioridad y que se debe combatir el rezago académico, al mismo tiempo surge una propuesta para reducir semanas de clases sin explicar cómo se recuperaría ese tiempo.

Sí, el calor en las escuelas es un problema real. Pero entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué durante años no se resolvió la falta de infraestructura adecuada y ahora la salida más rápida parece ser recortar el ciclo escolar?

Las familias necesitan certeza, no improvisaciones. Porque cuando las autoridades se contradicen entre declaraciones y aclaraciones, quienes terminan pagando el costo son los estudiantes y los padres de familia.