La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

Leyeron mal el escenario sociopolítico mexicano, la derecha y sus aliados. No escatimaron esfuerzos por traer desde España, a la conservadora Isabel Diaz Ayuso.
Pensaron que sería una buena idea para impulsar su estrategia entreguista y antipatriótica, presentar en México ese cuadro de la derecha peninsular.
Consideraron que las condiciones del país estaban hechas a la medida para expandir su dominio y minar el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Consideraron que Sheinbaum había sido disminuida por las campañas pro intervención de los EUA.
No fue así.
La española encontró un terreno árido para sus discursos libertadores al estilo gringo.
Para medirle un poco su nivel ideológico y cultural, la dama en cuestión dentro de su agenda tenía una misa con los conservadores mexicanos.
Se trataba en ese evento de rememorar los -para ellos- heroicos acontecimientos de la conquista. O sea: sus verdaderos héroes son Hernán Cortes y testaferros que lo acompañaron.
Tan mal les fue que cancelaron el evento religioso; era mucho el costo que pagarían y poca la gente que asistiría.
Así anda de extraviada la derecha mexicana. A falta de liderazgos mexicanos acude a los dirigentes de otros países. Ante la carencia de ejemplos para presumir acuden a la importación de figuras que se cree son enaltecedoras.
Hace unos días se descubrió el complot de la derecha continental para debilitar a la izquierda regional. Colombia y México eran los objetivos.
Las huellas llegan hasta el presidente argentino Milei.
Fue una campaña negra desde la prensa conservadora latinoamericana. Se supone que muy en el fondo es crear las circunstancias favorables para una intervención de los EUA en nuestro territorio.
Ante el fracaso de esa intentona ya inventaron otra: recurrir a los ideólogos derechistas de Europa.
Al parecer tampoco ese ardid funcionó. La ilustre dama citada no pudo cumplir con su misión. Sus intervenciones en la CDMX no levantaron el polvo que esperaban.
No le quitaron ni una pluma al águila nacionalista.
Tendrán sus admiradores los anti patriotas de la derecha. Sin duda: hay gente que sigue añorando la presencia de un príncipe extranjero.
Son los menos, dice las estadísticas.
Los más, preferimos que los mexicanos construyamos nuestro propio destino.
Y si nos equivocamos, lo volvemos a intentar.
Solo los desclasados y apátridas, ven la injerencia extranjera en los asuntos socioeconómicos mexicanos como indispensable y benéfica.