Expediente 

Azahel Jaramillo H. 

                    ¿Cómo están, cómo les ha ido? Estamos ya en el mes de Mayo, que arranca el día Primero con la celebración al Trabajo, esa bendición o castigo divino, según cada quien con lo quiera apreciar. Y es que ya ven que existe si esa popular expresión de que trabajar, tener trabajo es una bendición. 

         Si bien ya saben lo que dice esa vieja canción «El Negrito del Batey»: «A mi me llaman el negrito del Batey /porque el trabajo para mí es un enemigo/El trabajar yo se lo dejo todo al buey/porque el trabajo lo hizo Dios como castigo». 

        «A mí me gusta el merengue apambichao /con una negra retrechera y buena moza/ A mi me gusta bailar de medio lado/bailar bien apretao/con una negra bien sabrosa». 

La dichosa canción «El Negrito del Batey, ya indagué, fue compuesta a finales de la década de los años 50tas en República Dominicana. Y muy popular la hizo esta canción La Sonora Matancera. 

Pero, bueno estamos estrictamente en el tema de «Primera chamba» de este columnista. No fue mi primer trabajo, pero sí mi primera incursión laboral en esto que se llama industria de la comunicación, de la producción publicitaria.

 Buscando escaparme del Periodismo a mitad de la carrera de Ciencias de la Comunicación en Lugar de inscribirme en la Licenciatura en Periodismo opté por la Licenciatura en Publicidad. 

 Éramos  como 24 alumnos en ese primer semestre de Publicidad. Bien que recuerdo que nuestro profesor de la materia de Publicidad era un arquitecto. Le iba bien. El día de referencia nos estaba platicando, a la hora de clase, de un viaje en avión que recién había hecho a Las Vegas, Estados Unidos, la ciudad de los casinos y de las apuestas.

Terminada su breve charla del viaje nos dijo que un amigo suyo, empresario, andaba buscando a un estudiante de Publicidad, hombre o mujer para un trabajo, de medio tiempo en su empresa ubicada en el centro de Monterrey.

–«A ver, ¿a quién de ustedes le interesa esto?» preguntó el arquitecto. Ante esto, únicamente, tanto una compañera como yo, levantamos la mano al mismo tiempo.

El arquitecto se quedó callado. Y yo de inmediato dirigiéndome a la compañera alumna, le digo: «Ve tú». Y ella de inmediato responde: «No, mejor tú».

Ante esto de que «tú y mejor tú», yo propongo: «Bueno, vamos a echar un volado». No que sello, no que águila. Total, yo gané el volado. Así que puedo contar que ese trabajo me lo gané en un volado.

La empresa era «Litográfica Monterrey», abarcaba como un cuarto de manzana. Se trataba de un edificio de dos pisos, muy cerca del Cinema Río 70. 

         Estudiaba por la mañana y en las tardes, ya como a las 2 llegaba a Litográfica Monterrey. Ahí se diseñaba e imprimía,  por ejemplo, todo el boletaje del equipo Tigres de la UANL de la primera división del  futbol profesional. Igual ahí, vi se imprimían unos atractivos y muy útiles calendarios del Grupo Industrial Alfa.

          Por ahi conservo el comprobante de un pago semanal. Dice que laboré, del 28 de septiembre al 4 de noviembre de 1980 , un total de 18 horas. Y que me pagaron $390.50. Era buen dinero. Un boleto en zona general de Tigres me costaba 50 pesos. 

En ese diciembre , el alcalde de Monterrey, Pedro F. Quintanilla Coffin, en razón de su Informe , con esta empresa mandó imprimir una revista. Pidieron mi colaboración. Y trabajé, igual que empleados de ahí sin descanso, nomás durmiendo a ratitos, ahí en un rinconcito de la misma empresa, día y noche.  Buena experiencia esta primera chamba. NOS VEMOS.