Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz
La primera vez que visité el castillo de la ex hacienda Los Naranjos en el ejido de
Nueva Apolonia en el municipio de El Mante fue en el año 2000, recuerdo que en
aquella incursión había un cuartito en la entrada donde vivía una señora mayor que nos
permitió visitarlo y le dimos una cooperación voluntaria.
El frente del castillo estaba limpio pero el resto era un bosque de ramas, espeso
e intransitable, recorrimos con mucho cuidado el interior del edificio, subimos al
segundo piso por las espléndidas escaleras de madera que aun conserva, la capilla
estaba limpia y ordenada, pero no había información histórica por ningún lado, ni quien
guiara el recorrido. La señora que vivía en la entrada nos dijo que los dueños vivían en
San Luis Potosí y eran dueños también de otra hacienda que estaba en Tula llamada
Cerro Gordo.
La construcción del castillo es de estilo ecléctico, edificado en los primeros años
del siglo XX; es un testimonio de la vida de opulencia de los círculos aristocráticos del
porfiriato. Tras muchos años de abandono, sus habitaciones se fueron afectando con
las raíces de los árboles que habían crecido entre sus paredes que curiosamente
también las sostenían. Era evidente, por su estado, la urgencia de una intervención
para su conservación, pero en aquellos años las autoridades gubernamentales
parecían no interesarse por el patrimonio cultural y menos de un lugar tan alejado del
centro como lo era Nueva Apolonia. Además de que la construcción era de particulares
y eso eximía a cualquier autoridad de responsabilidades para preservarlo.
La segunda vez que visité el castillo fue en el 2022, habían pasado 20 años de
mi primera visita, ya para entonces era propiedad del gobierno del estado, que lo
adquirió en la época de Egidio Torre Cantú para dejarlo en el abandono total. Cuando
llegamos no había vigilante, la casa que habitaba la señora estaba en ruinas y había un
letrero desteñido en la entrada que indicaba con logos del gobierno de Cabeza de Vaca
que ese lugar era propiedad de gobierno del estado.
Era un lugar sucio, la capilla destruida y saqueada, con restos de sangre, basura
y cal, como si hubieran hecho ahí algún ritual; la escalera con algunos escalones en
mal estado permitía a los visitantes subir con mucho cuidado, había por todas partes
maleza, paredes caídas y pisos destruidos como quien escarba buscando algún tesoro.
Salimos de ahí con el corazón triste convencidos que al edificio le quedaba muy poco
tiempo de vida, al platicar con algunos vecinos se lamentaban que el gobierno lo
hubiera comprado para dejarlo a meced del vandalismo.
Hace algunas semanas, aprovechando la visita al ejido Celaya por el equinoccio
de primavera aceptamos la invitación de Arcenio para visitarlo, quien ahora es el
encargado del castillo y fue mi alumno del Diplomado en Guías de Turistas
Especializados en Tamaulipas. Grata sorpresa me llevé, el lugar estaba limpio de
maleza, una cinta protegiendo la escalera para impedir la subida y deterioro, los
escombros en las habitaciones fueron removidos y los árboles talados para que sus
raíces no continúen creciendo, por primera vez hicimos la visita guiada.
El entusiasmo de Arcenio por el cuidado del castillo nos contagió, nacido en
Nueva Apolonia, nos contó que para todos ahí, el lugar era parte de sus vidas, pero al
mismo tiempo, por ser una propiedad particular les era ajeno. Pero que al iniciar el
gobierno de Americo Villarreal Anaya, llegaron a su tienda de abarrotes unas personas
que iban de Victoria a buscar quien podía hacerse cargo del castillo, él aceptó con
muchas reticencias porque en épocas pasada les hacían puras promesas. Pero las
cosas marcharon bien y a través del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes
(ITCA) se ha podido avanzar en la protección y cuidado del inmueble, incluso se
contrató a Javier, para que le ayudara en las labores de limpieza, vigilancia y
mantenimiento y ahora, junto con Arcenio son los celosos guardianes de uno de los
patrimonios históricos más importantes del estado de Tamaulipas.
Aunque aun no se cuenta con proyectos de reconstrucción, remozamiento y
restauración del inmueble, es posible visitarlo y contar con recorridos guiados, ver el
espacio limpio y cuidado, pero sobre todo encontrarse con personas como Arcenio y
Javier que están orgullosos de su patrimonio, siendo sus vigías 24/7 porque siempre
están atentos y dispuestos, ya sea porque llega gente a visitarlo en distintos horarios o
bien hacer rondines cuando alguien les avisa que andan intrusos dentro del castillo.
Arcenio nos contó, que es común que el fin de semana tengan cada vez más afluencia
de visitantes y que incluso la genta de la región lo visita para realizar sesiones
fotográficas.
Sin duda, hay mucho camino por recorrer para que el espacio recupere su
esplendor, pero se agradece y aplaude el hecho que se haya detenido su deterioro, con
una solución que parece simple, contratar gente de la comunidad comprometida y que
los habitantes de Nueva Apolonia comiencen a apropiárselo como su joya más valiosa.
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