Golpe a golpe
Por Juan Sánchez Mendoza
El bloqueo de carreteras es un delito considerado en el Código Penal Federal y en la Ley de Vías Generales de Comunicación. Pero sancionado con penas mínimas, mientras no medie violencia. Y en caso de que está si ocurriera, la sanción carcelaria se tornaría grave.
Así que, para evitar reyertas físicas entre los agricultores y transportistas protestantes con la fuerza pública en la liberación de rúas –lo que causaría el descontento social–, nuevamente dobla las manos el Gobierno federal, como ha ocurrido desde 2023.
Esto bien lo saben quiénes encabezan la obstrucción de rúas, desde por lo menos cuatro años, abusando de la protesta sin razón o con razón.
No la tienen cuando impiden el libre tránsito a millones de automovilistas en su necesidad de trasladarse de un punto a otro sea cual fuere el motivo; o de los pasajeros de autobuses foráneos que lo único que quieren es llegar en tiempo y forma a sus destinos; ni por el atropello contra el traslado de víveres, ya que es un atentado de lesa humanidad.
En consideración a su movimiento, sabemos bien que: el pliego petitorio de los agricultores y transportistas que han bloqueado carreteras en diversas entidades del país –en esta su edición 2026–, es tan amplio que, difícilmente el Gobierno federal podría acceder a todas sus demandas.
Por eso las negociaciones no han podido avanzar aun cuando medien la secretaria de Gobernación (Rosa Icela Rodríguez Velázquez) y la Presidenta (Claudia Sheinbaum Pardo), pues asoma el interés político de algunos de los dirigentes de esos grupos paristas
Las peticiones principales que se hacen a la Federación, son las mismas del año que nos antecede: 1) precios justos para sus productos, 2) mayor seguridad en carreteras, y 3) apoyos para la producción.
Igual vuelven a protestar contra la Ley de Aguas Nacionales, ya que la consideran perjudicial para sus actividades agrícolas, pues afecta el acopio de las lluvias o la posibilidad de heredar concesiones de agua.
En parte tienen razón, considerando que la grave crisis que enfrenta el campo mexicano de ningún modo podrá aliviarse con acciones del gobierno al 1) echarle la culpa a los propios agricultores, 2) dando todas las facilidades a los productores extranjeros –como se contempla en el acuerdo comercial trilateral (T-MEC)–, ni 3) perdiendo el tiempo buscando culpables de este deplorable fenómeno, para dar paso al análisis que permita encontrar soluciones tangibles que contribuyan a recuperar (la mayor) parte de lo perdido y, sobre todo, ofrecer que se revisen los términos de ese acuerdo comercial que pone en desventaja a los agricultores de acá de este lado del río Bravo.
Pero esto sólo se lograría habiendo disposición; cuando el interés en verdad rebase los intereses personales, de grupo o de partido, y se esté convencido de que sólo beneficiando a los que menos tienen es la mejor manera de avanzar juntos para enfrentar la globalización que amenaza con aniquilar el campo mexicano.
Un campo capitalizado por terratenientes y por políticos que han hallado ahí una ‘mina de oro’.
Durante los últimos días –derivado del paro nacional de agricultores y transportistas–, una y otra vez, se han escuchado voces que invitan a defender los intereses del sector agropecuario y la seguridad en carreteras.
Pero son pocas las que plantean cómo y cuándo hacerlo, sin que sus emisores ofrezcan ninguna planeación coherente al respecto y sí, por el contrario, coinciden en señalar que el campo mexicano no puede esperar más.
Por eso la presidenta debe poner atención especial a este sector tan abandonado por los regímenes priistas, panistas e inclusive el morenista que la antecedió.
Algunos analistas refieren que el ex presidente, Andrés Manuel López Obrador, como sus antecesores, durante su régimen evidenció falta de interés para atender adecuadamente a los agricultores de México.
Y más: su carencia de sensibilidad para evitar la confrontación con los agricultores, que, en tiempo y forma, tildaron su política en la materia como un acto de provocación, pues éste no descansó en recriminarles que no aceptaran, como suya, toda la culpa por la crisis que atraviesa el campo, al que poco le invirtió recursos federales.
Ya ve usted que engañó a los agricultores tamaulipecos, ofreciéndoles un apoyo que nunca llegó.
Victoria, un atractivo
En Victoria se registró un impulso fuerte durante el asueto de Semana Santa, al esparcimiento y la diversión social.
Incluso me consta que hubo un alto número de turistas que estaban aquí de paso, con destino al mar, pero las actividades organizadas por el gobierno municipal les resultaron tan atractivas que, prefirieron pernoctar en la capital.
Y es que ‘Lalo’ Gattás no sólo ofreció pasatiempos en el río San Marcos y otros espacios municipales, sino que encabezó actividades en los Centros de Desarrollo Integral de la Familia (CEDIF’s), organizados por su señora esposa, Lucy de Gattás.
Lo mejor, es que, según el reporte del secretario del ayuntamiento, Hugo Arael Reséndez Silva, en Victoria, la capital y el corazón de Tamaulipas hubo saldo blanco.
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