– Parte 2 –

POR FERNANDO AZCARRAGA

Después de caminar el cementerio, me quedé pensando en algo más.

No en lo que se ve… Me quedé pensando en lo que no se ve.

Ahí hay más de 44,000 tumbas.

No es un número menor.

Es una ciudad dentro de la ciudad.

Una historia acumulada por generaciones.

Durante más de cien años, ese espacio ha recibido vidas completas.

Épocas distintas.

Formas de vida… y también de muerte.

Y con el tiempo, todo se acumula.

El problema es creer que todo eso se queda ahí, inmóvil, contenido, sin consecuencias.

No siempre es así.

Cuando un lugar así se deteriora —cuando se fractura, se abre, se abandona— deja de ser solo un espacio de memoria…   y empieza a convertirse en algo más.

No hace falta exagerar para entenderlo.

La tierra se mueve… el agua corre.

El entorno cambia.

Y lo que durante décadas —o más de un siglo— estuvo contenido,

puede empezar a desplazarse, a filtrarse, a mezclarse con lo que está alrededor.

Es un tema real.

Porque hay cosas que no vemos…   pero existen.

Y hay decisiones que, por no tomarse a tiempo, acaban teniendo consecuencias.

Durante mucho tiempo hemos pensado en el cementerio como un lugar aislado.

Lejano.

Ajeno.

Pero la ciudad creció… La ciudad lo alcanzó. Hoy no está lejos. Hoy está dentro.

Y eso cambia todo.

Hoy la pregunta ya no es solo cómo se ve, sino: ¿qué consecuencias tiene?

Continuará…