Palabras libres

Con frecuencia hemos venido escuchando a “políticos” que se confrontan sobre lo que ellos llaman posturas, de izquierda o de derecha. Hay que hacer saber que lo que  interesa como ciudadanos es la vuelta a lo esencial.

Como ciudadanos, nuestra aspiración va más allá de las ideologías de izquierdas o derechas, porque sucede que en los partidos hay de todas las mezclas y rarezas, pero hace falta el predominio de la esencia principal, como es la honestidad.

Lo que verdaderamente anhelamos es que el servicio público se dignifique; que las instituciones recuperen su brillo, su decoro, y sean habitadas por personas con un espíritu ético inquebrantable. Eso es regenerar las instituciones con personas honestas, respetuosas y preparadas, esencialmente humanistas; solo así se podrá dar un gigantesco y verdadero paso para la transformación social.

Para entendernos un poco más. Un servidor público humanista es un defensor incansable del respeto, la civilidad, el diálogo y la honestidad, por encima de todo interés personal y color partidista; es poseedor de extraordinaria sensibilidad social y quien busca siempre la reconciliación, y nunca promueve el encono ni la confrontación. Es decir se traiciona así mismo quien se dice humanista y desde el poder no hace lo suficiente para sanar el profundo dolor social.

Hagamos de la política un espacio de respeto y transparencia, donde el poder sea una auténtica y poderosa herramienta para construir progreso, paz social, y no un instrumento para dividir, ni abusar de los recursos públicos.