PALACIO

Por Mario Díaz

                  

-Reducción de homicidios dolosos no significa reducción de la violencia

-La percepción ciudadana es diametralmente opuesta a la narrativa de la 4T

-Donald Trump insiste en afirmar que en México mandan los cárteles de la droga

H. Matamoros, Tamaulipas.-Sin el menor ánimo de crítica destructiva y desde una óptica que pretende ser lo más objetivo posible, vale la pena analizar la estadística oficial que indica la reducción de los homicidios dolosos, pero que, al mismo tiempo, difiere de la percepción ciudadana en materia de seguridad pública.

Y, en efecto, migrar de 86.9% de asesinatos diarios a 48.8 crímenes violentos en el mismo lapso son datos duros que sustentan una narrativa gubernamental que sugiere que la paz y tranquilidad han vuelto a los hogares a lo largo y ancho del territorio nacional.

Sin embargo, la generosa estadística que presume el gobierno de la Cuarta Transformación no es en modo alguno directamente proporcional a la realidad que viven millones de ciudadanos aztecas que son desplazados de sus comunidades rurales, principalmente, por conflictos entre grupos delictivos en pugna o bien que tienen que sacrificar sus respectivos patrimonios para solventar el cobro de piso o extorsión que exige la delincuencia organizada.

El desplazamiento forzado de miles de familias en los estados de Chiapas y Sinaloa derivado de la presencia de sicarios de distintos grupos delincuenciales son un par de claros ejemplos de la triste realidad que se vive en nuestro México lindo y querido.

Desde esa perspectiva, la disminución en un porcentaje importante de homicidios dolosos no necesariamente significa que la violencia ha cesado en gran parte de la república mexicana, lo que, en consecuencia, ha generado una discrepancia entre la percepción ciudadana y la narrativa oficial en materia de seguridad pública.

Desafortunadamente, contrario a la disminución de homicidios dolosos, la estadística oficial indica que se han incrementado alarmantemente las desapariciones forzadas. Además, la reclasificación del delito por parte de las fiscalías estatales en mucho ha contribuido para que se anuncie con bombo y platillo que los asesinatos disminuyeron en 44% entre octubre de 2024 y febrero de 2026.

Hipotéticamente, el actual escenario nacional que registra menos muertes violentas podría estar asociado a la conveniencia de los propios grupos delictivos de desaparecer los cuerpos de sus víctimas, o bien que, en proporción a su poder e impunidad, el temor y terror suplan a la necesidad de llegar al homicidio.

Del mismo modo, el dato estadístico de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal que precisa el encarcelamiento de más de 46 mil personas por distintos delitos, tampoco contribuye a mejorar la percepción de los ciudadanos de buen vivir en lo que se refiere al derecho de vivir en paz que debe proporcionar la autoridad constituida.

La saturación de los centros penitenciarios, la captura de capos del narcotráfico o la destrucción de laboratorios procesadores de drogas sintéticas, no necesariamente representa un reflejo fiel de la narrativa pacificadora que presume el gobierno federal que preside la doctora CLAUDIA SHEINBAUM PARDO.

Por el contrario, tan es así que el presidente de los Estados Unidos, DONALD TRUMP, insiste en afirmar que México es gobernado por los narcotraficantes y no por quien resultó electa en el proceso presidencial que dio paso al segundo piso de la Cuarta Transformación.

Cierto es que el mandatario del país de las barras y las estrellas tiene fama de bravucón, pendenciero y belicista, aunque, sin ánimo malinchista, no anda tan errado en cuanto al control que ejerce el crimen organizado en gran parte de las 32 entidades federativas.

Obviamente, la óptica del huésped de la Casa Blanca es diametralmente opuesta a quien reside oficialmente en el Palacio Nacional. Mientras TRUMP insiste en combatir en México a los cárteles de la droga, la presidenta SHEINBAUM insiste en defender la soberanía nacional y anteponiendo la colaboración a la subordinación.

Para bien o para mal, de acuerdo al cristal con que se observe, la realidad es que todo hace indicar que el 47 avo presidente de la Unión Americana arremeterá en contra de los grupos delictivos, ahora bajo el amparo del Escudo de las Américas. En el entendido de que no se requieren a los “marines” en el territorio azteca y que la neutralización sería mediante bombardeos “quirúrgicos”.

Lo dicho; no se trata de una crítica destructiva enfocada al gobierno de la Cuarta Transformación, sino un análisis somero, pero a la vez real, que colocan en esquinas encontradas a la narrativa oficial y la precepción ciudadana en lo que a seguridad pública se refiere.

¿Cómo la ve?

DESDE EL BALCÓN:

I.-En poco o nada contribuye a la tranquilidad ciudadana la reducción de los homicidios dolosos si se toma en cuenta que el descabezamiento de dos cárteles de la droga en Sinaloa y Jalisco, respectivamente, no ha resuelto el problema de fondo y, justamente ahí, es donde el presidente yanqui tiene la “mira puesta”.

Ni hablar.

Y hasta la próxima.

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