Por Agustin Peña Cruz
Ciudad Madero, Tamps.- El acceso a servicios de salud continúa marcando diferencias profundas entre sectores sociales, la regidora de extracción Panista Alba Verástegui Ostos ha centrado parte de su agenda pública en la atención directa de necesidades básicas, particularmente en materia de salud visual y movilidad para adultos mayores en Ciudad Madero. La estrategia, sustentada en la gestión interinstitucional y el trabajo territorial, revela tanto avances concretos como los límites estructurales de la política social local.
“Ya llevamos en el tema de salud, sobre todo en cirugía de catarata y de carnosidad, que ustedes saben que es totalmente gratuito, llevamos 128 personas que han venido o que hemos ido a su colonia para darles la atención para que se puedan ver beneficiadas en esta primera etapa”, afirmó la funcionaria, al detallar el alcance de una de las acciones más significativas en lo que va del año.
Las cirugías de cataratas representan uno de los procedimientos más demandados entre la población adulta mayor, y el acceso suele estar condicionado por factores económicos. En este caso, el vínculo con la beneficencia pública y el sector salud estatal ha permitido que dichos servicios se ofrezcan sin costo, reduciendo una barrera crítica para quienes enfrentan deterioro visual progresivo.
Pero la intervención no se limita a procedimientos quirúrgicos. Verástegui Ostos explicó que también se ha avanzado en la integración de expedientes para la entrega de lentes y aparatos funcionales: “También ya tenemos expedientes para lo que son lentes de armazón, ahí llevamos como unos 120 más o menos y sillas de ruedas, andadores, bastón de punta de cuatro puntas”.
La lógica de atención, según describe la funcionaria, ha priorizado la proximidad territorial. En lugar de concentrar los servicios en oficinas gubernamentales, se ha optado por trasladarlos a las colonias, particularmente ante las dificultades de movilidad que enfrentan muchos beneficiarios. “Procuramos ir a la colonia porque luego se les dificulta venir”, señaló, evidenciando una comprensión operativa del rezago urbano y social.
En paralelo, la regidora ha iniciado gestiones para ampliar el acceso a lentes de bajo costo, especialmente entre estudiantes y docentes, un sector que comienza a mostrar signos tempranos de deterioro visual asociados al uso prolongado de dispositivos electrónicos. “Se ha visto que los niños, por estar mucho tiempo frente a una pantalla, la vista se ha ido dañando cada vez más”, advirtió.
En ese sentido, informó sobre acercamientos con instituciones educativas y una óptica local para establecer convenios que permitan reducir los costos: “Tuvimos una plática para hacer un convenio para que se les diera a bajo costo el lente precisamente para los alumnos, pero también para los maestros”.
El planteamiento abre una línea de análisis relevante: la salud visual como un componente emergente de la agenda educativa. Si bien tradicionalmente ha sido tratada como un asunto clínico, su impacto en el rendimiento escolar y laboral comienza a posicionarla como un tema transversal de política pública.
No obstante, la propia funcionaria reconoce que estos esfuerzos se desarrollan en un entorno de alta demanda social. La constante recepción de solicitudes evidencia tanto la confianza ciudadana como la insuficiencia de los mecanismos institucionales para cubrir necesidades básicas de forma universal.
La invitación a la ciudadanía a acercarse a la sala de regidores o a gestionar citas en sus colonias refuerza esta dinámica de intermediación política, donde la figura del representante público opera como puente entre la población y los servicios disponibles.
Así, el balance preliminar muestra avances tangibles en la cobertura de apoyos visuales y funcionales, pero también deja entrever un desafío mayor: consolidar estos esfuerzos en políticas sostenibles que trasciendan la gestión individual y se integren en un sistema de salud más equitativo y accesible.