● El debate sobre los legisladores plurinominales y los costos en el sistema.
Por Agustin Peña Cruz | NoticiasPC.com.mx |
Ciudad Altamira, Tamps.- En el debate vigente sobre la reforma electoral en México, uno
de los temas que ha generado mayor discusión pública es la figura de los legisladores
plurinominales. La iniciativa de reforma impulsada desde la Presidencia de la República ha
reactivado una discusión que se remonta a varias décadas: si el sistema de representación
proporcional continúa siendo un mecanismo necesario para garantizar pluralidad política o
si, por el contrario, se ha convertido en un instrumento que encarece el sistema democrático
y debilita la rendición de cuentas.
Desde el ámbito sindical y político, -fuera de cancha como escenario-, el dirigente y militante
de Morena, Ricardo Vega Barrón, ha manifestado su respaldo a la propuesta que busca
modificar la estructura del Poder Legislativo, particularmente en lo referente a la eliminación
o reducción de las diputaciones plurinominales. La postura, expresada en entrevista
exclusiva, deja una crítica directa al funcionamiento de este modelo de representación y a
los costos asociados con el sistema electoral mexicano.
La discusión no pasa desapercibida. México cuenta actualmente con uno de los sistemas
legislativos más amplios en América Latina. En la Cámara de Diputados, de los 500
legisladores que la integran, 200 son electos por representación proporcional, es decir, no
compiten directamente en un distrito electoral, sino que acceden al cargo a través de listas
elaboradas por los partidos políticos. En el Senado ocurre algo similar, aunque en menor
proporción.
Para Vega Barrón, esta estructura ha terminado generando distorsiones políticas y
económicas dentro del sistema democrático.
“Yo veo muy bien la iniciativa de la doctora Claudia Sheinbaum, presidenta de la República,
una por el exceso de gastos que hay en los partidos y en los procesos electorales”, sostiene
el dirigente sindical, al referirse a la propuesta de reforma que ha sido planteada desde el
Ejecutivo federal.
El argumento parte de un diagnóstico recurrente en diversos sectores de la opinión pública:
el costo de la democracia mexicana. Los procesos electorales, el financiamiento público a
los partidos y la estructura legislativa representan un gasto considerable para el erario.
Desde esta perspectiva, la reducción de espacios plurinominales podría significar un ahorro
presupuestal importante.
Pero para Vega Barrón el problema no es únicamente financiero. La crítica apunta también
al vínculo entre los representantes y la ciudadanía.
“Si hablamos del tema de los plurinominales, una parte es que va a ser un ahorro, pero la
otra es que sí tienen que ir al territorio, tocar al pueblo, recorrer el territorio”, explica.
El concepto de “territorio”, en su discurso, aparece como una metáfora central del ejercicio
democrático. Para el líder sindical, la política no debe limitarse a acuerdos entre dirigencias
partidistas o negociaciones internas en las cúpulas de poder, sino que debe sustentarse en
el contacto directo con la población.
En ese sentido, sostiene que el sistema actual permite que algunos legisladores lleguen al
Congreso sin haber realizado campañas ni haber construido una relación directa con los
electores.
“Una vez que son candidatos plurinominales prácticamente se olvidan de todo; se echan a
dormir. En cambio, los que van por elección popular tienen que desgastarse con el pueblo,
convencer al pueblo”, afirma.
La crítica se dirige particularmente al contraste entre quienes compiten en distritos
electorales y quienes acceden al cargo a través de las listas partidistas. Mientras los
primeros deben recorrer comunidades, presentar propuestas y someterse al escrutinio
ciudadano, los segundos dependen principalmente de su posición dentro de las estructuras
internas de los partidos.
Para Vega Barrón, esta dinámica genera un fenómeno político que debilita la legitimidad de
algunos representantes.
“Son 200 plurinominales que, cuando llegan al poder, lo primero que dicen es que no tienen
compromiso con nadie”, señala.
Aunque la afirmación refleja una percepción extendida en algunos sectores sociales, el
debate sobre la representación proporcional tiene también defensores sólidos.
Históricamente, la introducción de los legisladores plurinominales en México buscó
equilibrar la representación política y evitar que un solo partido monopolizara el Congreso.
Este mecanismo permitió que fuerzas políticas minoritarias tuvieran presencia legislativa
incluso sin ganar distritos electorales.
Sin embargo, el contexto político actual ha modificado la correlación de fuerzas partidistas,
lo que ha reabierto la discusión sobre la pertinencia de mantener intacto el sistema.
Desde la perspectiva del dirigente sindical, uno de los problemas centrales radica en la
forma en que se integran las listas de representación proporcional.
“Muchas veces llegan por acuerdos de intereses en la mesa de los grupos políticos, pero en
territorio la ciudadanía nunca los conoce”, sostiene.
La falta de reconocimiento público de algunos legisladores se convierte, según su
diagnóstico, en una evidencia de la distancia entre la representación formal y la percepción
ciudadana.
“Yo me he topado con muchísima gente a la que se le pregunta si conoce a su diputado
federal y responde que no sabe ni cómo se llama”, comenta.
El fenómeno, agrega, ocurre principalmente con quienes acceden al cargo sin realizar
campañas en territorio.
“Por lo mismo, porque son plurinominales y la gente jamás los conoce”, explica.
En contraste, los candidatos que compiten en elecciones directas deben construir visibilidad
pública y legitimidad política frente a los votantes.
Por tal caso, Vega Barrón considera que la reforma electoral podría abrir una nueva etapa
en la relación entre representantes y ciudadanía.
“Que vayan a buscar a la ciudadanía para que los conozca”, propone, al referirse al principio
que, a su juicio, debería guiar el sistema democrático.
La eliminación de las posiciones plurinominales obligaría a todos los aspirantes a cargos
legislativos a competir en territorio, recorrer comunidades y presentar propuestas
directamente ante el electorado.
Además, el dirigente sindical sugiere que el sistema actual permite a ciertos actores
políticos asegurar posiciones legislativas sin someterse a la competencia electoral.
“A veces traen la franquicia de un partido político y saben que, cuando venga el proceso,
van a quedar como candidatos plurinominales y prácticamente ya serán diputados o
senadores”, afirma.
La metáfora de la “franquicia” ilustra su crítica hacia lo que considera un mecanismo de
acceso privilegiado al poder legislativo.
Desde su punto de vista, esta dinámica genera una brecha entre la lógica interna de los
partidos y las expectativas de la ciudadanía.
“Es una puerta que se abre para que la ciudadanía los conozca”, concluye al referirse a la
reforma.
El debate sobre la representación proporcional en México probablemente continuará en los
próximos meses, a medida que el Congreso analice las iniciativas de reforma electoral. Lo
que está en juego no es únicamente la estructura del Poder Legislativo, sino la forma en
que se concibe la representación democrática en México con una larga historia de
transformaciones políticas.
En este escenario, voces como la de Ricardo Vega Barrón reflejan un sector de la opinión
pública que considera necesario replantear las reglas del sistema electoral para fortalecer el
vínculo entre ciudadanía y representantes, reducir costos institucionales y modificar las
dinámicas de acceso al poder político.
No hay que pasar por alto que, si la reforma prospera o no, dependerá de un complejo
proceso legislativo. Pero el debate, al menos, ya está instalado en el centro de la
conversación política nacional.