LOS HECHOS
POR José Inés Figueroa Vitela
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo, inició desde la semana
pasada y para esta, aun existen otros eventos que se le asocian.
Instituciones de los tres poderes y los tres órdenes de gobierno, además de organizaciones de
la sociedad civil han estado reivindicando las luchas de género, frente a quienes no han
entendió o no han querido entender, que las cosas están cambiando, pero aun falta mucho
trecho por recorrer, en la deuda histórica para con las mujeres.
El Congreso, el Supremo Tribunal, los gobiernos municipales y el estatal, a través de los
institutos y entes autónomos, más el sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia,
de distintas formas, han hecho patente su reconocimiento y suma a las causas de las mujeres.
A nuestra generación, que ya está entrando en la tercera edad, nos ha tocado ver y vivir la
transición de la cultura machista a ultranza, a la de la igualdad en los derechos y las
oportunidades, todavía con algunas resistencias entre los contemporáneos.
Menos las hay, entre las nuevas generaciones, pero igual perviven quienes, educados en las
viejas formas, o por simple condición propia, sostienen actitudes de atropello, del sometimiento
a la sumisión, el menosprecio o desplazamiento de las mujeres en sus entornos laborales,
educativos, sociales.
Por quienes están en los espacios donde se ejerce el poder, público y privado; por quienes se
mantiene incrustados en los entes jurisdiccionales; por quienes aun mienten, roban y traicionan
desde la individualidad, en sus relaciones personales, desamparando a personas vulnerables,
en efecto, la lucha es vigente.
Y aunque el escozor invada a quienes desde su privilegio hablan de otras narrativas,
tendremos que ponernos en la piel de las víctimas para entender lo que para algunos aparece
como excesos.
Sí, coincidiremos con quienes eventualmente consideren un despropósito el desbordamiento
de las marchas que se han convertido en olas de destrucción por donde pasan, a manos de
personas esbozadas a quienes no importa si se trata de una joya histórica o el patrimonio de
quien tiene una vida trabajándolo.
Igual no podemos permanecer insensibles al dolor de quien perdió una hija, una hermana, una
madre, una pareja, sin encontrar al menos el destino de sus restos y la justicia contra sus
victimarios.
¿Qué harías tú si fuera una de las tuyas la perdida? Se escucha atrás de lo que parece la
explicación de las participantes en las manifestaciones desbordadas y con ello la reacción se
achica por necesidad.
¿Qué hiciste tú cuando a tu ser querida la acosaron en la escuela otros machos por el hecho
de ser mujer?, ¿qué de cuando para darles, mantenerle o promoverle en un trabajo la
condicionaron con las mismas perversiones?
La lucha de género no es solo de las mujeres, de las jóvenes o las adultas; es también de ellos
y de todas las generaciones, más allá del discurso, la historia, los argumentos de la temporada
en la efeméride.
Hay quienes dicen que el color morado emblemático de la conmemoración, está asociado al
tinte del humo que salió de la fábrica textil incendiada en Nueva York, aquel 8 de marzo de
1911, donde murieron 129 trabajadoras que estaban en huelga por el maltrato laboral a que
eran sometidas.
Otros dicen que no, que el morado es la combinación de los colores que históricamente se han
asociado a los sexos, el rosa y el azul, significando unión e igualdad.
Con M de marzo, de mujer, de morado, de merecida lucha.
Para que a nadie se le olvide.
Para que quien se pierda, pague las consecuencias.