Por Agustin Peña Cruz
Ciudad Madero, Tamps.- La discusión sobre la reducción de la jornada laboral semanal ha
dejado de ser una consigna sindical para convertirse en un eje de debate político y social.
Hace unas semanas, el Senado aprobó la reforma constitucional que plantea disminuir las
horas de trabajo, y en los próximos días la minuta será turnada a la Cámara de Diputados.
En este sentido, el Partido Acción Nacional fijó postura a favor de la iniciativa, resaltando el
impacto no solo económico, sino humano.
Francisco Castañeda Cruz, ex delegado municipal de Acción Nacional y voz pública,
sostiene que la reforma representa una oportunidad histórica para reconfigurar la relación
entre empleo, familia y tejido social. “El Partido Acción Nacional está de acuerdo con esta
decisión”, afirma con claridad. La razón, explica, es priorizar dimensiones que durante
décadas han sido relegadas por una cultura laboral absorbente.
“Darle prioridad a la convivencia familiar, a la convivencia con los padres, con los hermanos,
tener más tiempo libre para poder fortalecer la acción social, que es lo que necesitamos”,
sostiene. El argumento se distancia de un discurso exclusivamente productivista y coloca en
el centro el bienestar emocional de las personas trabajadoras.
En México, donde las jornadas laborales se encuentran entre las más extensas de los
países miembros de la OCDE, el debate ha oscilado entre la competitividad empresarial y
los derechos sociales. Para Castañeda Cruz, el punto de quiebre está en reconocer el
desgaste que provoca una vida estructurada casi exclusivamente en torno al empleo.
“Digamos exclusivamente al trabajo que en términos emocionales nos deteriora”, advierte.
La reforma —que se plantea de implementación progresiva— busca reducir la jornada
semanal sin afectar derechos adquiridos. Desde la óptica del activista, la gradualidad es
relevante para equilibrar la transición. “Estamos nosotros de acuerdo con esta resolución o
esta iniciativa que es la cual se va a ir estableciendo de manera progresiva”, señala, en
alusión al diseño legislativo que prevé ajustes escalonados para empresas y trabajadores.
Más allá del plano físico, insiste en que el debate debe incorporar la dimensión emocional.
“Esto abre la puerta para una convivencia familiar más estrecha”, explica. La tesis que
defiende es que menos horas de trabajo no solo implican descanso, sino tiempo de calidad
para la reconstrucción de vínculos familiares y comunitarios.
En su diagnóstico, el exceso de trabajo no es un fenómeno aislado, sino un factor que
incide en problemáticas estructurales. “El objetivo es que seamos felices”, resume. Y añade
una advertencia que introduce una dimensión de seguridad pública al debate laboral: “Si
nosotros nos dedicamos exclusivamente a vivir en el trabajo, vamos a hacer a un lado la
cuestión emotiva, espiritual, emocional, la falta de convivencia, que es precisamente esta
falta de convivencia con nuestras familias, con nuestros hijos, que ha detonado en acciones
agresivas que son alimento para el crimen organizado”.
El planteamiento proyecta al deterioro del tejido social —marcado por la ausencia parental,
el agotamiento crónico y la desconexión afectiva— puede convertirse en un terreno fértil
para la violencia. “Es uno de los factores de base que se deben atender”, afirma, al
considerar que la política laboral puede incidir indirectamente en la prevención del delito.
El respaldo del PAN a la reforma coloca al partido en una posición que busca conciliar
agenda social y responsabilidad económica. Si bien sectores empresariales han expresado
reservas por el posible impacto en costos y productividad, la expresión de Castañeda Cruz
apela a una lógica de inversión social: reducir el agotamiento, fortalecer la convivencia y,
con ello, consolidar una sociedad más cohesionada.
Por otro lado, el trasfondo, la discusión interpela un modelo de desarrollo que ha
privilegiado la extensión de la jornada como sinónimo de compromiso y eficiencia. La
reforma propone lo contrario: que la calidad de vida sea un indicador tan relevante como el
crecimiento económico.
La minuta que llegará a la Cámara de Diputados pondrá a prueba la capacidad de consenso
entre fuerzas políticas y sectores productivos. Para sus promotores, el reto no es
únicamente normativo, sino cultural. Se trata de redefinir el equilibrio entre trabajo y vida
personal en un país donde, históricamente, el empleo ha absorbido la mayor parte del
tiempo y la energía de millones de personas.
“De eso se trata aquí”, insiste Castañeda Cruz. En su visión, la reforma no es solo una
modificación constitucional, sino una apuesta por reconstruir el tejido social desde la base
más íntima: el hogar.