CONFIDENCIAL

Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

              

El regaño fue público, severo y sin rodeos. No hubo eufemismos ni diplomacia innecesaria. La presidenta Claudia Sheinbaum decidió decir lo que muchos ciudadanos piensan y pocos políticos quieren escuchar: que están lejos de la gente, desconectados de la realidad y más preocupados por su comodidad que por su responsabilidad.

Ocurrió en San Quintín, Baja California, pero el eco fue nacional. La escena se volvió viral porque expuso algo más profundo que una llamada de atención local: evidenció el hartazgo social frente a autoridades que prefieren el escritorio, la foto o la grilla, antes que el territorio y sus problemas.

Ahí estaban alcaldes, legisladores, operadores políticos. Todos escuchando, incómodos, mientras la presidenta les exigía salir al campo, atender a la gente, dejar la simulación y asumir el cargo como un compromiso real, no como una estación de paso rumbo al siguiente hueso.

El mensaje fue tan claro como incómodo. Y por eso, días después, la propia presidenta tuvo que aclararlo: el regaño no era solo para San Quintín. Era para todos. Para todo aquel político que haya olvidado para qué fue electo.

Y es ahí donde Tamaulipas debería poner especial atención.

Porque si el reclamo es general, aquí hay varios que deberían empezar a ponerse las barbas a remojar. Alcaldes y legisladores que, desde hace tiempo, parecen más atentos al calendario electoral que a la agenda social.

El caso de los diputados es particularmente preocupante. Muchos han reducido su función a asistir a sesiones, levantar la mano, repetir consignas y presumir iniciativas que rara vez resuelven algo concreto en sus distritos.

Se legisla mucho, pero se gestiona poco. Se habla mucho, pero se escucha menos. Y mientras tanto, los problemas siguen ahí: servicios deficientes, inseguridad, rezagos urbanos, falta de atención médica, comunidades abandonadas.

La figura del legislador como gestor social parece haberse diluido. Algunos creen que su trabajo termina en el pleno, cuando en realidad ahí apenas comienza. El cargo no es un trámite administrativo, es una representación política viva.

Apenas llegan y ya están pensando en el siguiente escalón. En la reelección, en la candidatura, en la negociación, en el futurismo. El presente estorba cuando el objetivo es el poder siguiente.

Y esa lógica es precisamente la que la presidenta cuestionó con dureza. Porque gobernar no es administrar aspiraciones personales, sino atender urgencias colectivas.

En Tamaulipas hay municipios donde el alcalde es más visible en redes sociales que en las colonias. Donde la agenda pública se confunde con propaganda y donde el aplauso sustituye al resultado.

También hay regidores y síndicos que parecen figuras decorativas, ausentes del debate y distantes de los ciudadanos que dicen representar. Cargos que deberían ser contrapeso y gestión, pero que terminan siendo silencio cómodo.

El regaño presidencial, leído con atención, no es un acto de autoritarismo, sino una advertencia política. Una señal de que la paciencia social se agota y de que la simulación tiene fecha de caducidad.

Porque cuando la gente no es atendida, cuando no encuentra respuestas, cuando ve a sus representantes distraídos, el reclamo se transforma en desconfianza. Y la desconfianza, en castigo electoral.

Tamaulipas no es ajeno a eso. Aquí también hay hartazgo. Aquí también hay ciudadanos que sienten que sus problemas no llegan a la agenda pública porque no son rentables políticamente.

Por eso el llamado debería ser tomado con seriedad. No como un regaño ajeno, sino como una interpelación directa.

Alcaldes, diputados, regidores y síndicos tendrían que preguntarse si están haciendo todo lo que les corresponde. Si están en el territorio o solo en el discurso. Si están resolviendo o simplemente administrando el tiempo.

La política no es un trampolín eterno. Es un encargo temporal que exige resultados. Y quien no lo entienda, tarde o temprano lo paga.

Ojalá el mensaje se asimile. Ojalá haya menos futurismo y más trabajo. Menos grilla y más soluciones.

Porque para eso están. Para eso fueron electos. Para servir, no para servirse.

El regaño ya se dio. Ahora falta ver quién lo entiende… y quién decide ignorarlo.

EL RESTO.

INSENSIBILIDAD.-Se ve mal —muy mal— la Secretaría de Educación cuando es incapaz de diseñar o encontrar una estrategia que evite que padres y madres de familia tengan que dormir afuera de las escuelas para garantizar la preinscripción de sus hijos. No es una imagen de compromiso social; es una postal de abandono institucional.

Resulta lamentable constatar cómo decenas de personas tuvieron que soportar las bajas temperaturas imperantes afuera de los planteles, como ocurrió en la Secundaria General 8 y en la Secundaria General Uno, solo para asegurar un espacio educativo para sus hijos.

El titular de la SET, Miguel Ángel Valdez, no queda bien parado frente a este tipo de situaciones. Cuando la autoridad permite que estas escenas se repitan, el mensaje es claro: falta planeación, falta sensibilidad y, sobre todo, falta responsabilidad institucional.

ASÍ ANDAN LAS COSAS.

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