#DESDELAFRONTERA
POR #PEDRONATIVIDAD
El mes de enero fue, para Nuevo Laredo, algo más que el arranque del calendario, fue el encendido formal de motores. La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villareal encabezó una serie de acciones que colocaron a la ciudad en el centro de la conversación política, económica y logística del país.
Nuevo Laredo, en este enero, no sólo cortó listón, cortó también la cinta que separa a las ciudades importantes de las ciudades indispensables. Y en ese escenario, el nombre de Carmen Lilia Canturosas ya no se pronuncia solo como alcaldesa, sino como figura que empieza a dibujarse en el tablero grande del 2028.
La inauguración de la ANAM no fue un evento más. Fue la certificación política y económica de que Nuevo Laredo es hoy el motor económico de México, el engrane principal del comercio internacional, la puerta por donde respira buena parte de la economía nacional. Lo que antes era discurso, hoy es estadística, infraestructura y decisiones federales que voltean a ver a esta frontera como prioridad estratégica.
A eso se suma la apertura de nuevos vuelos, que no solo conectan destinos, conectan narrativas, la de una ciudad que dejó de ser únicamente aduana para convertirse en hub, en punto de referencia, en lugar donde se toman decisiones que impactan no solo a México, sino a América Latina.
Los medios de comunicación no han soltado el tema. El boom de Nuevo Laredo se repite en titulares, análisis y columnas. Y en todos, casi sin excepción, aparece el mismo denominador, Carmen Lilia. No como casualidad, sino como conductora de un proyecto que hoy es local, pero que empieza a tener eco nacional.
Porque cuando una ciudad marca la pauta de desarrollo, su liderazgo también empieza a cotizar en otra liga. Nuevo Laredo ya no solo es frontera. Hoy es referencia. Hoy es termómetro. Hoy es motor. Y cuando una alcaldesa logra colocar a su ciudad en ese nivel, inevitablemente su nombre empieza a circular en la conversación grande, la del 2028.
No es casual que cada acción, cada inauguración, cada anuncio, tenga lectura política. No es casual que el crecimiento de Nuevo Laredo se traduzca también en crecimiento del perfil de Carmen Lilia. En política, como en la economía, el que mueve mercancía… también mueve narrativas.
Y hoy, mientras el comercio internacional fluye por esta frontera, también fluye una idea que cada vez suena menos descabellada y más lógica, que desde Nuevo Laredo se esté construyendo algo más que desarrollo municipal. Que desde aquí se esté tejiendo, puntada rosa, el proyecto con miras al 2028.
Porque cuando una ciudad se convierte en motor de México, su liderazgo deja de ser local. Y cuando una alcaldesa logra que su ciudad marque la pauta de desarrollo para México y América Latina, el calendario político empieza a verla con otros ojos.
Nuevo Laredo ya está en modo potencia. Y Carmen Lilia, guste o no, ya está en modo 2028.
EL FALSO MESIAS
Hay un dicho que dice, “es de sabios equivocarse”, pero cuando uno se equivoca sabiendo que lo que tiene en mente no va a suceder y aun así decide cambiar de camino solo para asegurar el futuro personal, ahí ya no es de sabios, ahí es de conveniencia. Y en política, la conveniencia suele tener nombre, apellido… y puesto.
Se llama Javier Lozano Rodríguez, maestro, ahí sí reconozco que es de los buenos. Fue candidato a alcalde en el 2021 por el partido Redes Sociales Progresistas, ese que quedó tan destrozado que ni siquiera alcanzó los votos necesarios para seguir respirando con oxígeno electoral.
Arrancó con una campaña que muchos calificaron de excelente, bajo el slogan “Permíteme ser tu empleado”, mensaje que sedujo a más de un neolaredense, que creyó que ahora sí, por fin, había un político dispuesto a ponerse del lado del ciudadano y no del lado del escritorio con aire acondicionado.
Hablaba fuerte, directo, sin rodeos. Se le miraba joven, inteligente, con ganas de acabar con todo lo malo de Nuevo Laredo. Para muchos, era el candidato idóneo. Para otros, el Mesías político que tanto habían esperado.
Pero como en toda buena telenovela, llegó el giro de trama. La campaña subía, sí, pero las encuestas y la realidad eran crueles. A unos días de culminar, el sudor frío no era por el calor fronterizo, era porque los discursos y las poses no alcanzaban para ganar la contienda. Siempre estuvo en el último lugar.
En ese entonces, la pelea real estaba entre Carmen Lilia Canturosas por Morena y Yahleel Abdala por el PAN. Contra ellas, nada que hacer en las urnas. Ni con fe, ni con veladora, ni con discurso motivacional.
Y entonces vino el dilema eterno del político de ocasión, ir a las urnas esperando un milagro que sabía que nunca iba a suceder… o buscar cobijo entre las dos principales contendientes para asegurar “el hueso”.
Al final, sucedió lo que siempre sucede, se inclinó por “el hueso”. Con un discurso bonito, de esos que suenan a sacrificio, pero huelen a nómina.
“Sin duda sacrificar un sueño por un bien común que es el de Nuevo Laredo, es algo difícil, es la dedición más difícil que he hecho en mi vida, pero también se que lograr acabar con la corrupción y darle un poco mas esperanza a nuevo Laredo valen los sacrificios”.
“La promesa ha sido solo una, un hombre no puede perder nunca la congruencia, un ser humano no puede perderse”.
“Todos queremos un mejor Nuevo Laredo, el único que proyecto que tiene la suficiente viabilidad para sacar a los que están hoy, es el de la licenciada Carmen Lilia Canturosas Villarreall”.
Con eso terminó la campaña de esperanza… y comenzó la etapa de trabajo asegurado. Final feliz para él. Final amargo para muchos que sí creyeron.
Pero no contó con algo esencial, los neolaredenses no perdonan. Y claro, aquellos que vieron esperanza y luego se dieron cuenta de que ese Mesías era de los falsos, de los que hasta la Biblia advierte, de inmediato lo llamaron vendido. Pero ya no importaba. El trámite estaba hecho y la chamba asegurada.
Hoy regresa. Sale a decir consignas. Se dice arrepentido por haber declinado su candidatura. Dice que siente culpa por no haber seguido en la contienda y permitir que la ciudadanía tuviera otra opción. Y ahora cuestiona.
¿La ciudad está realmente mejor? ¿Se han cumplido las expectativas que se prometieron? ¿La voz del ciudadano ha sido escuchada o ha quedado relegada?
El problema no es el arrepentimiento. Tampoco la culpa. El problema es el calendario. No salió a gritar consignas al año de gobierno, ni a los dos años, ni a los tres. Lo hace ahora, cuando ya hay reelección y estamos entrando al quinto año.
¿Dónde estaba? Fácil. Ocupando “el hueso” que se ganó declinando. Pero ahora que ya no lo tiene, ahora sí, mágicamente, se volvió a acordar del pueblo que lo seguía.
La reaparición de Javier Lozano lleva una sola misión, volver a ser candidato, volver a jugar con los neolaredenses y, llegado el momento, volver a declinar por el ganador para asegurar chamba nuevamente. El mismo guión, pero con actores cansados y un público menos ingenuo.
Sé que muchos saldrán a su defensa, pero les pregunto algo, ¿Le tendrían la misma confianza a la persona que les fue infiel y ahora viene con la promesa de estar arrepentido y hacer las cosas bien?… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.
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