Enfoque Sociopolítico |

Por Agustín Peña Cruz*
Después de la sesión de Cabildo celebrada el viernes en Ciudad Madero, al alcalde Erasmo
González Robledo se le preguntó, en entrevista directa, sobre los cambios en su
administración. La respuesta fue tan breve como reveladora: “el único cambio, es el clima”.
Una frase que, lejos de disipar dudas, abrió la puerta a una lectura más amplia —y más
incómoda— sobre el estado interno de su gobierno.
En esta ciudad costera —bautizada simbólicamente por la narrativa oficial de urbe petrolera
a ciudad intergaláctica— el clima, en sentido estrictamente meteorológico, rara vez altera la
vida pública, ni siquiera en temporada de huracanes. La ironía es inevitable cuando el
propio discurso gubernamental ha coqueteado con la ufología, los marcianos y una
supuesta base extraterrestre en Playa Miramar, metáfora que, por cierto, parece describir
mejor el aislamiento político en el que hoy se mueve la administración municipal que
cualquier fenómeno atmosférico.
El trasfondo de la pregunta al alcalde no era trivial ni caprichoso. Buscaba una explicación
clara sobre la salida de Lorenzo Martínez Rubio, director general de Comunicación Social, y
de Deanise Adriana Rueda Hernández, directora de Atención a Medios y suplente de la
síndica primera. La salida ocurre tras una acumulación de señales de alarma difíciles de
ignorar: trato preferencial a replicadores de transmisiones en vivo, exclusión sistemática de
periodistas de investigación y una administración discrecional de la publicidad oficial,
prácticas que chocan frontalmente con los principios de legalidad, equidad y disciplina
financiera que deben regir el gasto público.
La llegada de Francisco Alemán Lara y Emma Flor Torres Cantú para asumir, “de manera
provisional”, las funciones que desempeñaban Martínez Rubio y Rueda Hernández confirmó
lo que la versión oficial intenta minimizar: hubo relevo, hubo ajuste y hubo una ruptura en la
estructura administrativa. Llamarlo “cambio de clima” no es un recurso poético; es una
estrategia discursiva para diluir responsabilidades.
El alcalde, promotor emblemático de la marca del “marciano”, parece sugerir que este
cambio atmosférico también explicó otro fenómeno inusual: la ruptura de la unanimidad en
el Cabildo maderense. Por primera vez, una sesión derivó en votaciones divididas, como si
un frente frío político —más que polar— hubiera alterado la marea interna del gobierno. Tal
vez no fue el clima, sino la gravedad de los temas discutidos, lo que provocó el efecto lunar
sobre las voluntades políticas.
A ello se suma un gesto que no pasó desapercibido: el abandono y regreso posterior en la
sala de Cabildo antes de que la sesión fuera formalmente clausurada. Un acto menor en
apariencia, pero simbólicamente poderoso en un contexto de tensiones acumuladas.
La votación en contra quedó registrada de la siguiente manera: Por MORENA: Óscar
Oseguera Kernion (hermano de quien fuera antecesor alcalde y hoy diputado federal), Silvia

Raquel Williams Pineda, María Fernanda Ortega Cruz, Sandra María Flores Paredes y Mary
González Romero; De oposición: Alba Alicia Verástegui Ostos y Leticia Vargas Álvarez
(PAN); Movimiento Ciudadano: Jorge Vladimir Sosa Pohl Byik; Mayra Rocío Ojeda Chávez
(PRI) y Abstención de Iris Estefanía Cortés Herrera (PAN).
Detrás de este quiebre político subyace un problema más profundo y mucho menos
metafórico: el incumplimiento reiterado de obligaciones laborales con el sindicato. De
persistir un desacato a los procedimientos legales, la última instancia del recurso
administrativo podría derivar en el embargo de cuentas públicas para cubrir el adeudo
contraído.
Este conflicto no es nuevo. Tiene su origen en la administración del exalcalde Sergio Arturo
Posadas Lara (2008-2011), quien se negó a cubrir una deuda relativamente menor derivada
de aumentos salariales, becas, uniformes, fondo de ahorro y otros incentivos pactados. Su
sucesor, Jaime Turrubiates Solís (2011-2013), continuó con José Andrés Zorrilla Moreno
(2016-2018) repitieron la omisión. Más tarde, Adríán Oseguera Kerión (2018-2021 y 2021-
2024) prometió cumplir, promesa que tampoco se materializó. El resultado: un adeudo que
hoy asciende a 51 millones 142 mil 776 pesos, una cifra que ya no puede ocultarse detrás
de ninguna metáfora climática.
Cabe preguntarse entonces cuánto está afectando realmente “el clima”. Mientras algunos
buscan abrigo político y otros parecen cómodos en la intemperie, el sol empieza a quemar
con mayor intensidad. Y cuando eso ocurre, los “trapitos al sol” dejan de ser una amenaza
retórica para convertirse en expediente público.
Los cambios en el área de Comunicación Social son evidentes, aunque se insista en
negarlos desde la narrativa institucional. Como sociedad —y particularmente como
comunidad de opinión— el reto es no conformarse con la versión oficial, sino contrastarla
con los hechos. Porque, más allá de marcianos, frentes fríos y metáforas cósmicas, el
verdadero cambio de clima en Madero es político, administrativo y, sobre todo, verificable.
Nos vemos en la siguiente entrega mi correo electrónico es [email protected]