Golpe a golpe

Por Juan Sánchez Mendoza

La declaración rubricada hace un par de días por las dirigencias nacionales de morena, el PT y el PVEM, refrendando su alianza en la elección del año próximo, lleva a suponer que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cedió al chantaje de los membretes aliados al suyo, porque, eliminar las alianzas, fue un tema sustantivo de su proyecto original.

También contempló la eliminación de legisladores de representación proporcional y la reducción del financiamiento público para sus actividades ordinarias, entre otros rubros.

Por tanto, no hay que descartar que la iniciativa, a presentarse durante la segunda semana de febrero próximo, se elabore atendiendo ‘el capricho’ de los aliados al propósito de la 4 té, para que persistan las coaliciones y la figura de legisladores plurinominales, así como el respeto a sus prebendas, que, por cierto, se cubren con los impuestos de los contribuyentes.

Otro dato que hace ruido es que la prensa que acudió al anuncio de la declaración conjunta, fue amordazada. Es decir, los periodistas no tuvieron oportunidad de cuestionar a ninguno de los tres dirigentes.

Eso lleva a sospechar que algo ocultan.

Quizás, por no saber cómo justificar su doble juego, pues mientras por un lado arremeten duro contra la reforma, por otro exhiben su entreguismo al sistema establecido, pero condicionado, para no perder ellos, quienes al frente están de los partidos, canonjías.

Cierto es que México requiere un cambio electoral sustantivo, pero sin privilegiar a grupos de interés, gavillas partidistas, alianzas a conveniencia ni sujeción al poder establecido.

Los políticos ‘con más colmillo’ saben que, una reforma drástica, en el tema electoral, es necesaria para restaurar los vicios que el neoliberalismo instauró y reprodujo en su estancia en el país, con el arribo presidencial de Carlos Salinas de Gortari.

Sin embargo, en su actividad, no pelean por la democratización que al país harto beneficiaría, sino en defensa de sus propios intereses.

La prueba más clara es la doblez con que asoman ‘Beto’ Anaya (PT) y Karen (PVEM), en este proyecto de reforma electoral, pues, por un lado, se pronuncian en contra y por otro la apoyan, según la oferta gubernamental.

Dan asco, ambos, ciertamente, por su falta de congruencia.

Y confirman que su actuación obedece a intereses personales y no de carácter ideológico.

Empero, hay que esperar la opinión de los legisladores y militantes, en relación al ‘chaqueteo’ de sus altos mandos que, como viles Judas, se ven dispuestos a vender los votos parlamentarios para sacar avante la reforma electoral.

Canonjías extintas

Ciertamente, en el pasado, los 11 ministros que tenía la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) acostumbraban dilapidar el presupuesto y gozar de privilegios en su ejercicio, pero tras la exhibida que se les dio en los medios de comunicación masiva, en los últimos meses del viejo sistema, dijeron que aminorarían el derroche. Pero no lo hicieron, hasta que fueron echados del Poder Judicial, aunque hay quienes repitieron en el cargo.

Algunas de las prebendas millonarias que gozaban los ministros de la SJN, eran:

a) Sueldos cercanos a los 300 mil pesos, mensuales;

b) Aguinaldos de $ 586,092.53;

c) Primas vacacionales de $ 95,474.68;

d) Un fondo para comer en restaurantes de lujo por 723,690.24 pesos anuales;

e) En las instalaciones de la Corte contaban con un comedor donde podían ordenar a la carta alimentos y bebidas alcohólicas;

f) Presupuesto de 5 millones 540 mil 930 pesos mensuales para contratar personal de apoyo particular; y

g) Dos vehículos blindados tipo suburban, con valor acumulado de $ 6’000,000.00,

Eso además de otros apoyos para gasolina, pago en casetas de peaje, alimentos fuera de las instalaciones de la SCJN, seguros de vida, seguros para vehículos y casas habitación: viáticos para vuelos, hospedaje y comidas en viajes oficiales tanto en México como en el extranjero, para lo que se les otorgaban pasaportes diplomáticos a los ministros y su parentela; equipos de cómputo, teléfonos celulares y pago del servicio, entre otros.

Esas canonjías quisieran tener los nuevos ministros, pero su primer tropiezo fue haber mostrado voracidad con la adquisición de camionetas blindadas.

Ya las regresaron, según, se dice.

Pero nadie explica el paradero de los otros 562 vehículos adquiridos, como tampoco dicen a cuánto ascienden los emolumentos de los ministros ni qué prestaciones tienen.

Vale la pena investigarlo.

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