Columna Opinión Económica y Política.
Dr. Jorge A. Lera Mejía.
Altamira decidió meter las manos al volante de su propia movilidad urbana y el movimiento tiene sello político: cercanía con la gente, respuesta rápida y una narrativa de buen gobierno que hoy sostiene a Armando Martínez Manríquez entre los alcaldes mejor evaluados del país.
En los últimos días, el alcalde reconoció públicamente que la crisis de transporte no es nueva: arrastra al menos cuatro años sin que los concesionarios hayan logrado dar una respuesta efectiva a la demanda de miles de usuarios, sobre todo en horas pico y en sectores periféricos.
Lejos de quedarse en el diagnóstico, el municipio decidió adquirir autobuses propios para operar rutas en los puntos críticos, con la intención de acortar tiempos de traslado a trabajadores y estudiantes y de apoyar, no sustituir, al sistema concesionado.
La primera fase ya arrancó: la administración cuenta con unidades que hoy mueven a niñas, niños y jóvenes de los ejidos hacia sus escuelas y de regreso, y prepara al menos cinco camiones más para reforzar el transporte público en colonias donde las quejas por la falta de servicio son constantes.
La lógica es simple y política: ahí donde la ciudadanía reclama porque no pasan camiones, “ahí vamos a estar”, resume el propio edil en sus mensajes, apostando a que la presencia del municipio en las rutas más abandonadas se traduzca en menores tiempos de espera y en una percepción directa de acompañamiento.
La flotilla municipal también tendrá un uso preventivo: el gobierno quiere tener camiones listos para mover población en casos de lluvias intensas e inundaciones, como las que en otras temporadas han dejado a cientos de personas varadas, incorporando la movilidad al catálogo de respuestas inmediatas ante emergencias.
Esta visión de transporte como herramienta tanto cotidiana como de protección civil refuerza la imagen de una administración que no solo reacciona, sino que se anticipa a los escenarios de riesgo.
En paralelo, Martínez Manríquez capitaliza estas decisiones en un contexto de alta aprobación ciudadana: encuestas como RUBRUM lo colocan entre los diez alcaldes mejor evaluados del país y como el mejor calificado de Tamaulipas, con buenos números en percepción de seguridad, calidad de servicios y cercanía con la población.
En ese tablero, el giro en la política de movilidad —combinar transporte escolar y urbano, cubrir vacíos de los concesionarios y preparar unidades para contingencias— se lee como una pieza más de una estrategia que busca mostrar a Altamira como ejemplo de buen gobierno en el estado y en el país.