Por: Luis Enrique Arreola Vidal.

Hay casos que nacen como nota roja… y terminan como prueba histórica.

Prueba de que en México la justicia funciona como el WiFi del poder: llega hasta donde le conviene al que manda… y se corta justo cuando el expediente se acerca a la oficina correcta.

El huachicol fiscal ya no es un chisme de pasillos ni un escándalo de “ay, qué casualidad”.

Es un expediente que se está calentando tanto que ya huele a impunidad recalentada.

Y cuando el fuego sube, el sistema hace lo de siempre:
apaga abajo —con marinos dados de baja— para que no chamusque a los de arriba.

Pero esta vez, el abogado Epigmenio Mendieta, defensor de Manuel Roberto Farías Laguna y Fernando Farías Laguna, no está pidiendo perdón, ni negociando una salida decorosa, ni buscando una puerta trasera.

Está diciendo lo que en México casi nadie se atreve a pronunciar en voz alta:

“Deben investigar al expresidente Andrés Manuel López Obrador.”

No como consigna.
No como odio.
No como guerra sucia.

Como obligación de Estado.

Y que quede claro, para que no salgan con el catecismo de siempre:
investigar no es condenar.

Investigar es hacer lo que la ley ordena.

Lo demás es encubrir con discursos, con cortinas, con “fue el pasado”… y con el viejo truco de siempre: hacer ruido para que no se escuche la verdad.

CUANDO EL CASO DEJA DE SER “OPERATIVO” Y SE VUELVE POLÍTICO (SE VUELVE PELIGROSO)

En México, el delito es tolerable mientras sea pequeño.

Mientras sea manejable.

Mientras tenga un culpable de utilería.

Lo intolerable es cuando revela que el sistema entero funciona como una piñata: todos le pegan, todos cobran… y nadie se hace responsable.

El huachicol fiscal no es el robo de un bidón con manguera.

Es una maquinaria industrial:
buques enteros, aduanas convertidas en “tiendita”, permisos fantasma, rutas protegidas, sellos que se estiran como chicle… y silencios que se compran con dinero público.

Y lo más grotesco: todo esto habría ocurrido mientras el poder juraba que el huachicol estaba “prácticamente borrado”.

Prácticamente borrado…
como el presupuesto de los hospitales, como los medicamentos,
como la seguridad, como la dignidad de un país que ya no sabe si gobierna un Estado… o una coartada.

Y cuando una maquinaria así explota, el Estado enfrenta dos opciones:

1.  Investigar de verdad, caiga quien caiga.

2.  Controlar daños, sacrificar piezas, bajar cortinas y seguir con la narrativa de “fue la corrupción del pasado”… aunque el pasado haya ocurrido completo dentro del sexenio.

La baja de marinos en este contexto no se lee como disciplina:
se lee como contención política.

Un mensaje implícito: “Aquí termina el caso”.

Pero Mendieta les responde lo que duele:

Aquí apenas empieza.

LA FRASE QUE ROMPE EL PACTO DE IMPUNIDAD: “TIENE QUE INVESTIGARSE MÁS ARRIBA”.

Mendieta lo dijo sin rodeos:

“Se tienen que investigar a todas las personas que están mencionadas en la carpeta de investigación (…)

En los hechos que se describen, me parece que sus nombres aparecen”.

Traducción al español sin maquillaje:
si el expediente menciona nombres, no se elige a quién investigar. Se investiga.

Porque cuando la Fiscalía decide que un nombre “sí” y otro nombre “no”, ya no es Fiscalía: es oficina de relaciones públicas del poder.

Y luego viene la frase que, en México, es un misil:

“Tiene que investigarse más arriba. Y deslindar responsabilidades.”

Esa es la línea roja.

Esa es la frontera del miedo.

Porque cruzarla significaría aceptar que la “transformación” no fue transformación:
fue reacomodo, fue blindaje, fue impunidad con nueva bandera.

AMLO Y OJEDA: LA CADENA DE MANDO NO SE BORRA CON UN “NO SABÍA”.

La exigencia es clara: investiguen a AMLO y al exsecretario Rafael Ojeda.

Y aquí entra el bisturí: si el expediente describe hechos donde aparecen nombres de alto nivel, no se trata de linchamiento, se trata de procedimiento.

Porque cuando el poder empieza a ponerse nervioso, no responde con argumentos… responde con distractores.

Porque la pregunta real es brutal:

¿cómo se explica un esquema de huachicol fiscal a gran escala sin tolerancia institucional?

¿Cómo se mueve una red con logística, rutas, permisos, aduanas, protección y continuidad…
sin que nadie arriba huela a diésel?

No se sostiene sin:
• omisiones deliberadas
• decisiones políticas
• protección institucional
• y un paraguas

Y el paraguas, en México, siempre está arriba.

EL HUACHICOL FISCAL: EL ROBO PERFECTO DE UN ESTADO QUE SE FINGE POBRE.

El huachicol fiscal es el crimen perfecto para un gobierno que presume austeridad mientras alguien se llena los bolsillos con papeles:

No deja ductos rotos.

Deja pedimentos falsos.

No deja fotos.

Deja facturas.

No deja balazos.

Deja hospitales sin medicinas.

No deja cadáveres en la carretera.

Deja un país con gasolina cara, aduanas podridas y un Estado que se desangra en silencio.

Y lo más cínico: el daño no se ve… pero se siente.

En la patrulla que no llega.
En la clínica sin insumos.
En la carretera destruida.
En la impunidad como política pública.

Este caso se calienta porque no es un delito más: es un espejo.

Y en ese espejo se refleja lo que México lleva décadas tolerando: la corrupción no es un accidente… es un modelo.

LOS EXMARINOS: ¿CULPABLES… O FUSIBLES CON GALONES?

La pregunta que nadie quiere responder es la más peligrosa:

¿los exmarinos son responsables… o son fusibles?

Porque en México, cuando el sistema quiere salvarse, hace algo muy simple:

castiga al último eslabón
y deja intacta la estructura.

A veces ni siquiera castiga al último.
Castiga al penúltimo, para que parezca “justicia” pero no duela donde debe doler.

Pero si Mendieta tiene razón y la carpeta menciona a los de arriba, entonces la baja de marinos no puede ser el final.

Tiene que ser el inicio.

Porque un país donde la justicia se detiene por rango no es un país con ley.

Es un país con dueños.

LA PRUEBA DEFINITIVA: ¿HAY LEY PARA EL EXPRESIDENTE?

En una democracia real, investigar a un expresidente no es blasfemia.

Es normalidad institucional.

Aquí, en cambio, es pecado mortal.

¿Por qué?

Porque seguimos operando con lógica medieval: el poder no se toca.

Y eso es exactamente lo que este expediente está desafiando: no con discursos, no con polarización, no con “fue Calderón”, no con “fue Salinas”, no con “fue el neoliberalismo”.

Con hechos.

Con nombres.

Con rutas.

Con operaciones.

SI EL CASO NO SUBE, LA HISTORIA YA LO CONDENÓ.

México no necesita venganzas.

Necesita verdad.

Necesita saber si el huachicol fiscal fue tolerado, encubierto o ignorado por conveniencia.

Pero para saberlo, hay una condición indispensable: que se investigue hasta arriba.

Porque si la justicia se detiene en marinos dados de baja, entonces no estamos ante un Estado de Derecho.

Estamos ante un Estado de coartadas.

Y cuando un Estado vive de coartadas, el crimen no se combate:
se administra.

LA PREGUNTA QUE DEFINE A MÉXICO.

Si los nombres aparecen en la carpeta, no se debate:

se investiga.

Lo demás es propaganda.

Y la propaganda no sustituye a la verdad.

Ni a la justicia.

Ni a la dignidad de un país que ya está hasta la madre de pagar los pecados de los intocables.

Porque esta vez el expediente no debería terminar con marinos dados de baja y un cierre de “caso resuelto”.

Debería empezar con una sola pregunta que México lleva años postergando:

¿Quién dio la orden… y quién garantizó la impunidad mientras juraban que “el pueblo manda”?

Y si no lo investigan, entonces ya sabemos quién manda de verdad:

el miedo a que el expediente suba…

y el pacto para que nunca llegue a tocar al intocable.

Órale, Fiscalía.

¿Van a investigar… o van a seguir con el “fue el pasado”… aunque el pasado haya sido el sexenio entero?