Por Agustin Peña Cruz
Ciudad Altamira, Tamps.- En Altamira, la distancia entre el cargo público y la función
constitucional vuelve a exhibirse en un terreno tan prosaico como revelador: la basura
acumulada bajo el puente de Arboledas. El regidor Ismael Mex, presidente de la Comisión
de Servicios Públicos, quedó atrapado en su propia narrativa durante una entrevista
realizada por Noticias PC que, lejos de aclarar responsabilidades, confirmó una confusión
de fondo sobre lo que significa servir desde el gobierno municipal conforme al Código
Municipal para el Estado de Tamaulipas y a la Constitución Política del Estado.
El reclamo ciudadano es concreto y verificable: compromisos adquiridos hace dos meses
para limpiar los costados del puente y atender áreas verdes no se cumplieron. Frente a la
evidencia, el funcionario no negó el retraso. “Sí, hace dos meses. Sí, me acuerdo”, admitió.
A partir de ahí, el argumento se diluyó en excusas: periodos vacacionales, “detalles” con las
cuadrillas de limpieza, complicaciones operativas. Promesas, otra vez: “Esa semana van a ir
para ahí”.
La escena se repite con una regularidad que ya es rutina administrativa. Se le expresó en
entrevista: “Usted establece compromisos y no los cumple”. La respuesta no fue un plan de
acción ni un cronograma verificable, sino una defensa basada en la autopromoción digital:
“Ahí está, los mensajes, mis publicaciones… Todos los días”. La gestión pública reducida a
un feed de redes sociales.
El contraste es brutal. Mientras el regidor se ampara en fotografías y publicaciones junto al
alcalde, el entorno urbano exhibe basura acumulada, áreas verdes descuidadas y reportes
ignorados. La política del encuadre contra la política del territorio. La pasarela contra la
calle. En un momento importante en la entrevista, el propio funcionario reconoce la falta de
supervisión directa: “Yo no he andado por ahí”. La frase resume el problema.
Más grave aún es la normalización del desliz: que “alguien se lo tenga que decir” para
“tomar muy en serio” un asunto que ya había sido reportado y, según su dicho, incluso
visitado. La función pública no es reactiva ni testimonial; es permanente, técnica y sujeta a
resultados. La Constitución del Estado de Tamaulipas y el Código Municipal no contemplan
la administración por likes ni el cumplimiento diferido por coyunturas políticas.
El compromiso final vuelve a ser promesa: “La próxima que me entreviste va a ver está
limpio”. En Altamira, sin embargo, la ciudadanía ya conoce ese libreto. La limpieza
anunciada no es política pública; es gestión tardía. Y la rendición de cuentas no se acredita
con publicaciones, sino con servicios prestados.
En el fondo, el episodio revela algo más que un incumplimiento puntual: la tentación de usar
el cargo como plataforma de posicionamiento rumbo a 2027. Cuando la imagen sustituye a
la obligación, la basura termina hablando más fuerte que cualquier discurso. Y hoy, bajo el

puente de Arboledas, se proyecta una realidad, la cual el alcalde va en contra por que es
una prioridad la mejora en la limpieza urbana.