Cd. Victoria, Tam.- En la etapa postrera de la URSS, meses finales de 1991, el mundo conoció un diagnóstico impactante de la economía soviética. El pesado lastre que representaba para sus finanzas la “ayuda humanitaria” acordada con una larga lista de países, en aras de la solidaridad entre los pueblos. Ubicada esta en tres círculos concéntricos.
(1) En principio, sus 11 repúblicas interiores. De historia, lengua y cultura diferentes, no todas marchaban al mismo ritmo. Había que mantenerlas y financiar su desarrollo, por ese contraste tan marcado entre las regiones más avanzadas (Rusia, Bielorrusia, Ucrania) y sus parientes pobres de Asia Central (Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán). Barriles sin fondo, tercos dolores de cabeza para los planificadores del Kremlin.

(2) El segundo círculo eran los abajofirmantes del “Pacto de Varsovia” (antagonista militar de la OTAN) y su gemelo comercial, el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), versión socialista del Mercomún. Gobiernos tutelados por la URSS como Polonia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Checoslovaquia, Alemania oriental, Albania, tan demandantes de armamento como de soporte económico. Siempre deficitarios, necesitados.

(3) El tercer círculo de pedigüeños colgados de las finanzas moscovitas eran las naciones del tercer mundo que habían optado por alguna suerte de revolución o proyecto reformista. Naciones asiáticas como Vietnam; Camboya, Corea del Norte, Mongolia. Los africanos: Egipto, Libia, Argelia, Etiopía, Angola. Y los latinoamericanos: Cuba, Nicaragua, Perú, por citar algunos.

EL VUELCO

De aquí la saludable sensación de respiro, la bocanada de aire fresco que ventiló a las finanzas rusas cuando dio un giro la historia y de la noche a la mañana (1) se desintegra la URSS (diciembre de 1991) para convertirse en 11 repúblicas independientes, (3) se disuelve el Pacto de Varsovia, el bloque militar (julio de 1991) y también (3) su gemelo comercial, el CAME (junio de 1991). Apenas dos años atrás, en 1989, había caído el Muro de Berlín.

En el Kremlin, el último líder soviético MIJAÍL GORBACHOV se quedó sin empleo. Pasaría a ocupar su oficina el presidente ruso BORIS YELTSIN, quien llegó cortando ayudas al exterior. Adiós subsidios, adiós venta a crédito de cereales a “pueblos amigos”, adiós cambalache de tractores por caña.

Ya no le preocuparían a BORIS las carencias de Lituania, Armenia, Georgia o Uzbekistán. Tampoco la marcha económica de búlgaros, rumanos, húngaros, checos o polacos que en adelante debieron rascarse con sus propias uñas.

Finiquitó además la relación parasitaria con los gobiernos del tercer mundo que por años rellenaron sus ineficiencias y corruptelas con la ayuda soviética. Se acabó el oro de Moscú.

LA ORFANDAD

Golpe rudo al cerrarse esa llave de la ayuda rusa que en su mejor momento representó para países como Cuba el 85% de las transacciones externas. Su economía entró en pánico al perder el suministro de petróleo subsidiado y el mercado preferencial para el azúcar.

El PIB cayó en 35% y el comandante FIDEL CASTRO se vio obligado a decretar un «Periodo Especial», con apagones masivos, escasez de alimentos y, a falta de combustible, el colapso del transporte.

En Corea del norte gobernaba el segundo KIM (JONG-IL), hijo del fundador (IL-SUNG) y padre del actual (JONG-UN). Sin combustible ni fertilizantes baratos, se paralizó su industria y la agricultura mecanizada, desatando una hambruna devastadora.

Sin dinero ni ayuda militar, Etiopía colapsó y fuerzas rebeldes derrocaron al gobierno de MENGISTU HAILE, ¿cuándo?, en el mismo 1991, cuando desaparecieron el CAME, el Pacto de Varsovia y la URSS.

Vietnam vivió algo parecido, con una monumental crisis de deuda, aunque su presidente LE DUC ANH mostró mejores reflejos y se movió con mayor astucia. Cambió a tiempo de bando para alejarse de Moscú y alinearse con Beijing, abrazando el modelo chino de apertura económica con inversión privada, pero endureciendo el sistema de partido único.

De ser un país en bancarrota en los noventa, hoy Vietnam es líder mundial en exportaciones agrícolas, florece la inversión tecnológica, produce electrónicos, microcircuitos y telefonía móvil, gracias al capital que llega del vecindario asiático: Japón, Taiwán, Corea del Sur, Singapur.

LA REVENTA

Con la caída de NICOLÁS MADURO en Venezuela y el cierre drástico del financiamiento petrolero a Cuba, la esperanza del presidente MIGUEL DÍAZ-CANEL se llama México. Con una economía más dinámica, el gobierno de La Habana podría comprar petróleo en cualquier parte.

Su problema es que por años se acostumbraron al hidrocarburo, cheque usted: (1) a precio subsidiado y para colmo (2) a crédito (fiado) o incluso, cuando se pueda (3) regalado. Eso que llaman “donaciones”.

De ahí el problema con la actual administración republicana que preside TRUMP, empeñada en impedir esta suerte de transacciones.

Peor todavía, desde los años de JOSÉ LÓPEZ PORTILLO menudean versiones periodísticas que hablan de petróleo mexicano inicialmente enviado a Cuba y ofrecido luego a la venta en el mercado “spot” del Mar del Norte. Décadas después se dice lo mismo del crudo venezolano.

¿Los cubanos en vez de usarlo, lo revenden?… Fantasías, tal vez, pero pretextos idóneos para un mandatario de chispa corta como el señor TRUMP.

BUZÓN: [email protected]

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