ANECDOTARIO.
POR JAVIER ROSALES ORTIZ.
RELATO 1.-De todos los medios de comunicación que existen, solo
uno me faltaba por pisar y decidí hacerlo en Ciudad Victoria,
capital de Tamaulipas, donde a base de teclados buenos y malos
aprendí con trabajo, aunque me dolieran los dedos de las manos
que se posaron sin piedad en las maquinas manuales fabricadas
con metal del bueno.
Acostumbrado ya a los medios electrónicos de la capital
mexicana, mi mirada fue puesta en la fachada y en el interior de
un periódico local de atractivo y llamativo formato y a color la
mayoría de sus páginas, pero sobre todo su contenido político que
no conocía el miedo, porque su director general era un licenciado
que tenía fama de ser imparcial, justo y de una sola palabra
cuando de criticar se trataba.
Era Don Juan Guerrero Villarreal, quien me abrió las puertas del
matutino a finales de los años 80 y en menos de dos semanas ya
portaba mi credencial de reportero de nota política y no sé
porqué a mí, me colmo de consejos para que corrigiera mis
errores garrafales propios de todo novato que aún se resistía a
abrir bien los ojos.
Don Juan me saludaba con un “hola viejo” porque casi vivía en la
redacción y había convertido a ese periódico en un segundo
hogar, porque el primero fue la Ciudad de México, donde se
quedaron a la espera mi esposa Blanca y mi hijo Said Iván, quienes
rezaban para que me fuera bien en Ciudad Victoria.
Observador, como era, Don Juan noto algo anormal y me invito a
platicar, para saber un poco de su nuevo empleado. ¿Estás
casado. Tienes hijos allá en México. O estás divorciado. Dónde
vives y porque te pasas la mayor parte del día aquí en el
periódico?.
Una pregunta tras otra le conteste rápido y lo que le llamo la
atención es que mi esposa es maestra y que era imposible un
cambio de adscripción México- Ciudad Victoria. Don Juan saco de
su saco bien portado una tarjeta he hizo algunas anotaciones. Se
la envías a tu señora y que haga una cita con mi hijo Rubén, quien
era en aquel entonces el Oficial Mayor de la SEP nacional.
Ella hizo lo propio y en menos de un mes se incorporó como
maestra a una cotizada escuela local, pero eso no quedo ahí,
porque me entregaron una casa nueva del INFONAVIT, créditos
para amueblarla y también para un automóvil, algo con lo que mi
familia nunca había soñado.
Don Juan también se enteró que abandoné el D.F. porque viví el
terremoto del 85, pero además porque la agencia NOTIMEX me
negó el puesto de corresponsal de guerra en El Salvador cuando
ya había sido aprobado en varios exámenes, todo porque yo era
casado.
Y cómo no, si días antes de que me presentara en ese país
centroamericano derribaron un helicóptero en el que se movía el
corresponsal de Nicaragua y su cuerpo no aparecía, mientras que
su familia exigía respuestas. A final de cuentas, el periodista fue
localizado vivo tras ser secuestrado y yo me quede sin palabras y
con coraje, porque ya me veía ocupando el lugar de Epigmenio
Ibarra, corresponsal de la agencia en El Salvador, quien dejo ese
trabajo.
Lo que Don Juan no supo es que allá, en la capital, trabaje y
conviví con Pedro Ferríz Santacruz, José Gutiérrez Vivó, Rossana
Fuentes Beraín, Sally de Perete y Jorge Saldaña, destacados
periodistas de Notimex, Radio Red de México y conductores de
programas culturales y políticos , quienes se portaron como
amigos con este asustado provinciano tamaulipeco.
Don Juan, en mi vida, fue único, porque además de espantarme la
modorra periodística, también contribuyo con el crecimiento
profesional de mi esposa en Ciudad Victoria, y con el hecho de
que mi hijo es médico y lucha que lucha por dar lo mejor de si.
Donde quiera que esté, Don Juan debe saber que no le hemos
fallado y que siempre será bien recordado.
Porque su enseñanza y su legado es el mejor regalo que como
periodista, he recibido.
RELATO 2.-Quienes no se quedaron atrás para felicitar a los
periodistas en su día fueron el Rector de la UAT, Dámaso Anaya
Alvarado y el presidente municipal de Ciudad Victoria, Eduardo
Gattas Báez, quienes con sabias palabras agradaron a los
comunicadores.
Dámaso, dijo que valora a los periodistas por su compromiso con
la verdad, su responsabilidad social y su labor diaria que da voz a
la sociedad.
Eduardo –Lalo para sus amigos-reconoce, por su parte, que tiene
respeto por la voz y la pasión de aquellos que desarrollan su
profesión, porque fortalece la crítica constructiva.
Así o, más colegas periodistas.
Correo electrónico: tecnico.lobo 1 gmail.com