#DESDELAFRONTERA 

POR #PEDRONATIVIDAD 

Mientras algunos municipios cierran el 2025 haciendo cuentas para ver cómo sobreviven al 2026, Nuevo Laredo lo hace proyectándose hacia arriba, con números sólidos, obra visible y una narrativa que ya no se queda en lo local. Hoy, guste o no, la frontera norte de Tamaulipas tiene un epicentro claro de poder político y económico, y ese epicentro se llama Carmen Lilia Canturosas Villarreal. 

Para quienes están haciendo cálculos rumbo al 2028, conviene entender algo desde ahora, aquí no se parte de cero. Hay una administración encabezada por Carmen Lilia Canturosas que llega con finanzas blindadas, obra visible y una ciudad que funciona. 

Las calificaciones Triple A de Fitch y Moody’s, la deuda pública en ruta de liquidación, y una inversión histórica superior a los 5 mil 600 millones de pesos en infraestructura no son cifras de archivo; son hechos que se ven en la calle y se sienten en la economía local. Puentes, vialidades estratégicas, rescate ambiental, espacios públicos y servicios que antes no existían hoy son parte del paisaje cotidiano. 

A eso se suma una política social con impacto real, becas para más de 28 mil estudiantes, apoyo inédito a maestros, clínicas municipales que llevan salud a las colonias y una apuesta clara por la educación, la ciencia y el desarrollo humano. Todo con orden administrativo y sin comprometer el futuro financiero del municipio. 

Y mientras algunos siguen pensando en el siguiente spot, Nuevo Laredo ya está en otra conversación. La presencia de su alcaldesa en foros internacionales como la ONU y la llegada de más de 300 millones de dólares en inversión privada colocaron a la ciudad en el radar global. Eso no se logra con ocurrencias, se logra con confianza. 

El mensaje para quienes ya se mueven es claro, no subestimen una ciudad que hoy es el motor económico de Tamaulipas, no minimicen un liderazgo que creció con resultados y sin estridencias y, no confundan silencio con ausencia. 

Porque mientras algunos apenas afinan el discurso, otros ya están dejando huella. El terreno ya está marcado. 

CONTENTOS IETAM Y PARTIDOS POLITICOS 

En Tamaulipas no habrá elecciones en 2026. No habrá campañas, no habrá mítines, no habrá promesas recicladas ni sonrisas de espectaculares. Pero eso sí, habrá dinero. Mucho dinero. Cerca de 250 millones de pesos que irán directo a las arcas de los partidos políticos para, esencialmente, no hacer nada. 

Así, sin rubor. 

Mientras el ciudadano común estira la quincena, mientras los municipios hacen malabares para tapar baches y mientras el discurso oficial habla de austeridad, los partidos se reparten una bolsa millonaria solo por existir. No por competir, no por convencer, no por representar mejor a nadie. Por existir. 

El Instituto Electoral de Tamaulipas lo dice con toda naturalidad, el presupuesto total para 2026 rondará los 414 millones de pesos, y más de la mitad, el 55 por ciento, irá a parar directamente a los partidos políticos. Todo “por ley”. Esa ley que siempre es inflexible cuando se trata de repartir dinero, pero sorprendentemente creativa cuando se trata de rendir cuentas. 

Y aquí aparece un personaje que merece mención aparte, Juan José Ramos Charre, presidente del IETAM. El mismo que en procesos anteriores levantó la voz, casi con dramatismo, advirtiendo que el dinero no alcanzaba, que el árbitro electoral estaba en riesgo, que sin más presupuesto las elecciones podían tambalearse. El mismo que exigía más y más recursos como si el sistema democrático dependiera de una chequera sin fondo. 

Hoy, Charre está calladito. Silencio administrativo. Silencio cómodo. Silencio que huele a presupuesto asegurado. 

Ya no hay quejas, ya no hay advertencias, ya no hay discursos de escasez. Ahora hay calma, porque la millonada está garantizada y 2026 pinta para ser un año de trámite, de oficina con aire acondicionado y de llevarla suave, muy suave, rumbo al proceso 2026–2027. 

Lo más ofensivo no es solo el monto, sino el contexto. No hay elecciones, pero sí hay incremento, casi 20 millones de pesos más. Más dinero para estructuras partidistas desacreditadas, para dirigencias que viven desconectadas de la calle y para burocracias políticas que solo despiertan cuando huelen campaña. 

El ciudadano observa, paga y guarda silencio. Los partidos cobran, reparten y sonríen. Y el árbitro electoral, que antes gritaba pobreza, hoy disfruta la abundancia sin levantar la voz… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS. 

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