DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.
Hace varias semanas en un evento del Concurso de Sentimientos Juarista (de oratoria)
Epigmenio Villarreal, como líder de los liberales tamaulipecos, sentencio que la vida tiene
momentos amargos y momentos dulces. Y este, afirmo, es un momento dulce al ser testigos
de como niños y adolescentes hacen uso de la voz, de la retórica, para mostrar sus
cualidades que dan cuenta de la preparación, del entrenamiento, pero, sobre todo, del ánimo
y del espíritu de superación. Coincido plenamente con él.
Creo que, eso de momentos amargos o dulces, es como el general de la revolución
mexicana. Al ser entrevistado por un reportero hizo un recuento de las batallas en las que,
valientemente, sus tropas se habían alzado con la victoria. Su asistente, testigo de la
entrevista, de pronto le hizo una observación: mi general, creo que se olvido mencionar
varias batallas. La respuesta fue contundente: las derrotas que nos infringieron, esas mi
estimado, que las cuenten los que nos ganaros… así, en este contexto, hay que contar los
momentos dulces.
LAS GRADUACIONES.
En las ultimas semanas he sido testigo de varias graduaciones a nivel primaria y secundaria.
Y es enorme, gigantesco, ver la felicidad reflejada en los rostros de niños y adultos. Es un
momento que, como bien se dice, no cambiaria por nada del mundo. Sin embargo, también
en estos días, en las redes sociales se ha difundido un post que busca romper ese encanto,
quitarle lo dulce al momento: advierten que los niños del kínder, la primaria o la secundaria
no se pueden graduar, porque no obtienen un grado.
En términos de formalismo académicos así puede ser. En lo personal, me emocionan estos
momentos; quizá porque recuerdo cómo, cuando termine la primaria y la secundaria, fui
solo. Nadie de mi familia para felicitarme y yo veía, era testigo, de como unos compañeros
eran abrazados por sus padres, por sus hermanitos y otros familiares, de como les dan un
obsequio. En la preparatoria, como en la universidad, asistió mi mama y uno que otro
hermano. En fin, estoy convencido, es un festejo inolvidable porque se cubre un tramo en la
formación educativa y profesional.
PADRES E HIJOS.
La regla para que funcione en forma correcta los estudios de los niños es una conjunción de
voluntades y deseos: los padres, que son la guía de los hijos; los profesores, que con
vocación y servicio realizan una labor callada, y el de los hijos. Los padres pueden ser ricos
o pobres, pero de ellos depende en principio la naturaleza de la personalidad y actitud de
los niños, si los atienden y apoyan; en el caso de los profesores van desde el director, que
marca un rumbo y establece un liderazgo, que el resto de los docentes y personal
administrativo entienden y fortalecen con su trabajo.
Una de las cosas que, estoy convencido, estorban son los prejuicios. En una graduación me
toco entregar una medalla al mérito académico otorgada por la Gran Logia de Tamaulipas.
El protocolo incluye que el estudiante sea acompañado de sus padres. El niño solo fue
acompañado por su mama, joven y, lo que me sorprendió, fue que sus brazos, ambos,
estaban completamente tatuados. De inmediato pensé en el futbol: puesto que hombres y
mujeres, futbolistas, no compiten por jugar mejor, pero si por tener el mejor tatuaje.
PREMIOS Y LUGARES.
He sido testigo, a lo largo de mi vida, de como hay padres de familia que presumen las
calificaciones de sus hijos; los diplomas y reconocimientos que reciben en la primaria y en
la secundaria, pero luego resulta que no logran concluir una carrera universitaria. ¿Qué es
lo que sucede? Conozco a mas de uno, o una, que fue excelente estudiante, pero luego en la
universidad algo cambio. ¿Qué sucede? ¿Por qué, de pronto, no los anima el estudio? Por
eso, a veces uno se sorprende, cuando encuentra a exalumnos, egresados titulados, haciendo
labores que no van con su formación profesional.
Ayer fui testigo de una graduación de primaria, en el ámbito rural: todos felices y
contentos, el padrino fue el presidente Municipal Lorenzo Morales. Les deseo que puedan
continuar con sus estudios y que, un día, sean profesionistas. Así lo espero yo también… y
es que, en esos lugares, muchos niños y jóvenes no piensan en forjarse una profesión:
piensan en tener edad e irse a trabajar a los Estados Unidos: de la zona naranjera, en la zona
de Santa Engracia, es una rutina de jóvenes y otros no tan jóvenes: irse cada año una
temporada a los Estados Unidos con visa de trabajo temporal… es su ilusión, su sueño.
GANAS Y OPORTUNIDADES.
En mi caso, todos mis estudios los hice becado, hasta el doctorado. Otros, pienso, no tienen
la suerte de encontrar oportunidades. Hace tiempo en la Preparatoria Jaime Torres Bodet, al
termino de la graduación, le pregunto al joven que obtuvo el primer lugar: ¿A que facultad
vas a entrar? ¿Qué vas a estudiar? Su respuesta me congelo: me voy a poner a trabajar, no
puedo continuar, mis papas no pueden sostener mis estudios.