DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.

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Quien participa en un juego, de siempre, lo hace con las reglas establecidas. Sucede en los
deportes, hasta en la lotería (hay que comprar boleto) y, obvio, en la participación política.
Hay reglas escritas, que están contenidas en la Constitución y en las leyes electorales. Sin
embargo, el juego de las reglas, inicia en el partido que va a postular a los candidatos.
Sucede así por una sencilla razón: vivimos, actuamos, en un Estado de Derecho: la ley a los
ciudadanos nos dice que no podemos hacer; en tanto que, a los servidores públicos, les
concede atribuciones y funciones, es decir, les aclara que deben hacer.
En este contexto en toda lucha electoral hay hechos que determinan una candidatura:
cumplir las reglas del partido, porque si no se hace, se acude en demanda de garantía de los
derechos ciudadanos y políticos; pero también, en este contexto, cada candidato tiene que
cumplir determinadas reglas y, si no las cumple, se le puede quitar la candidatura:
recuerden el caso de Félix Salgado Macedonio, que no informo de sus gastos de
precampaña y no fue candidato a gobernador en Guerrero.
VISIONES LEGALISTAS.
La elección de este año ha estado plagada de hechos y situaciones que en la guerra formal y
en la sucia dan cuenta de cómo, unos y otros, se las gastan. Por ejemplo, a Claudia
Sheimbaum le han publicado hasta que no es nacida en México. A Santiago Nieto que
quiere ser senador, le quitan la candidatura porque no cumple la regla de la residencia.
Pero, eso no es nada, acá en Tamaulipas hagan de cuenta que se vive en un polvorín:
cuestionan las candidaturas de Eugenio Hernández Flores como de Francisco Javier García
Cabeza de Vaca.
Ambos son exgobernadores. A Eugenio le recuerdan que, aunque legalmente está libre en
México, tiene pendiente una petición de extradición a los Estados Unidos; su caso,
ventilado en las instancias electorales, tiene confirmación de que puede ser candidato. Y en
el caso del otro exgobernador, hasta donde se sabe, tiene una orden de aprehensión y no
vives en México. Aquí, incluso, le preguntaron a Xóchitl Gálvez y respondió: “Es
candidato porque no está sentenciado. Pero ellos, son solo unas perlas de las visiones
legalistas.
LA CREDENCIAL DE JESUS.
En los tiempos del PRI, donde incluso en un principio las elecciones las organizaba la
Secretaria de Gobernación, se imponía la voluntad de quien gobernaba. A veces se cumplía
con las formalidades, pero en más de las veces a todas luces era una ilegalidad. No se
cumplía, por decir, la residencia efectiva en el lugar donde era candidato. Todo cambio, sin
embargo, cuando la organización electoral se ciudadanizo y fue Jesús Villanueva Perales el
que vivió el despojo por una formalización.

Fue candidato a la Presidencia Municipal de Hidalgo. Hizo campaña, recorrió el municipio,
repartió promesas y más promesas. Y el día de la elección gano de manera abrumadora.
Solamente que, en el inter, hagan de cuenta que una traición lo aniquilo: resulta que su
credencial de elector tenía como domicilio, oficial, permanente, una casa habitación en la
capital tamaulipeca. Por lo tanto, la autoridad electoral determino que no podía, aunque
haya ganado, ser el Presidente Municipal de su pueblo.
MAKITO Y U CREDENCIAL.
A estas alturas, ya con el inicio de las campañas locales, se da por hecho que Carlos Peña
Ortiz, mejor conocido como Makito, no será el candidato de MORENA. Desde un principio
se alegó su burla a la ley, de no atender citaciones y que, por eso, había perdido sus
derechos cívicos y políticos. En fin, durante días, las columnas políticas y las redes sociales
dieron infinidad de argumentos, unos a favor, otros en contra. Hasta que vino la resolución
del Tribunal Electoral: no tiene credencial de elector.
Puede ser risible, pero la sentencia lo apunta: al no tener credencial de elector, es decir, el
instrumento para hacer valer y ejercer los derechos cívicos y políticos, no puede votar ni ser
votado. Se aclara, además, que para la reposición de una credencial de elector hay tiempos
y formas; y que, no se puede hacer la excepción, a petición de parte. En otras palabras, si
Carlos Peña Ortiz pierde la candidatura será, simple y sencillamente, por una omisión
burocrática.
ERROR Y CONSECUENCIA.
Hay que pensar, siempre, nos hechos y formalidad. No siempre se puede burlar la
disposición jurídica: recuerdo el caso de Paco Ignacio Taibo II, excepcional, porque
muestra para qué es la mayoría, burlar la ley: No cumplía los requisitos formales para ser el
Director del FCE, así que en menos que canta un gallo, se hicieron los cambios a la ley y
listo. Ya cobra como Director.
Y en el caso de Jesús Villanueva, quiero pensar, se fue por la inercia, todo se resolvía,
puesto que nadie se quejaba. No pensó que ya había cambiado la forma de operar las
elecciones, ya no las hacia el Estado. En el caso de Carlos Peña Ortiz no hay ni cómo
explicarlo: ¿Por qué no se dio tiempo para tramitar su nueva credencial de elector? La
expresión, sin pretender ofender, es pura “pendejez”.