DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.

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Ayer hubo en el Estado de México un evento cívico y reapareció Alfredo del Mazo, el
exgobernador; y los medios lo etiquetaron como el “gobernador” que entrego el Estado. La
expresión sirve de contexto para advertir que el poder reviste dos procesos: uno es la
conquista del poder y otro el de su ejercicio; y en una ampliación más, vale consignar que
hay procesos inmersos: uno conservar el poder y otro, entiéndase, acrecentarlo.
En el caso actual vale advertir que a lo largo del presente sexenio se han visto, de manera
clara, evidente, el proceso de conservar y acrecentar el poder. AMLO, como Presidente, ha
sido un magnifico estratega: le ha arrebatado espacios de poder a los partidos políticos de
oposición; y ha avanzado, en mucho, en su propósito de eliminar en la practica la división
de poderes; para que, en los hechos, dependan el Legislativo y el Judicial del Ejecutivo. Los
hechos recientes, lo confirman.
TRAIDORES Y AMBICIOSOS.
¿Por qué se afirma que Alfredo del Mazo entrego el Estado a MORENA? La explicación es
muy sencilla: no intervinieron para nada en el proceso electoral, como líder real del PRI, no
movió ni un dedo. Que es, en lo formal, lo correcto; pero todos sabemos que, en la práctica,
todo gobernante se mete. Incluso, el propio Andrés Manuel López Obrador, en una de las
mañanera dejo en claro que estaba agradecido con el expresidente Enrique Peña Nieto
porque no metía las manos al proceso electoral de su Estado. Y, claro, la federación con sus
programas, con sus políticas, si lo hace e, incluso, AMLO desde sus mañaneras.
La historia es muy conocida: en la mayor parte de los Estados donde se han dado elecciones
MORENA ha ganado; en algunos casos porque el líder real del partido en el poder, sea del
PRI o del PAN, permanecieron inactivos, pasivos o, en algunos casos, hasta hicieron lo
posible porque AMLO viera como les dejaban el camino libre. Al final, todos lo sabemos,
los exgobernadores han recibido premios: unos como embajadores o como cónsules. Al
último, AMLO asentó: se la debía, se portó muy bien.
APOYAR AL ENEMIGO.
La historia de entregar el poder en Tamaulipas es reciente. Mucho se especuló sobre la
derrota que el PRI recibió al perder la gubernatura; Baltazar Hinojosa, se contó, fue víctima
de la traición, de una negociación que se hizo en las alturas del poder. Negociación que
tuvo que ver, incluso, con la reforma energética de Enrique Peña Nieto y hasta aspiraciones
presidenciales de otros. Lo cierto es que el PRI dejo el poder y, por lo que se ve, lo dejo
para siempre, puesto que no se ven señales de que pueda recuperarlo.
Ya en el plano completamente local fue evidente como en el sexenio anterior, cuando
menos en las elecciones intermedias, los expresidentes municipales del centro y del
altiplano apoyaron a los candidatos panistas. Al menos los boletines oficiales hicieron notar
que tal acción se sustentaba porque consideraban que eran los mejores candidatos para su

municipio. El contexto es que, meses antes, un exalcalde fue detenido, puesto en prisión,
porque no pudo sustentar correctamente sus cuentas públicas. Así, con esto, el pueblo sabio
entendió que, dichos apoyos, nacieron porque no quisieron correr riesgos en la revisión de
sus cuentas. En pocas palabras, tenían cola larga, se habían despachado en la
correspondiente hacienda pública municipal. Así, se consumó, se amplió, la debacle priista
en la entidad.
ADUEÑARSE DEL PODER.
En las postrimerías del sexenio obradorista a nadie escapa que si bien, para unos, AMLO
no es un estadista, si es un consumado estratega del poder; en la medida que, de manera
gradual, ha construido mecanismos para conservar el poder (la continuidad con cambio
generacional) pero además, tampoco escapa, que ha logrado acrecentarlo de manera gradual
y está a punto de lograr, de tener el dominio total del Estado, en la medida que el
Legislativo y el Judicial perderán su poder autónomo, para convertirse en un apéndice para
que sus integrantes repitan: es un honor estar con Obrador.
Si alguien tenía dudas, por ejemplo, de cómo dominaría a los órganos electorales, para
muestra ahí está la decisión del Tribunal Electoral, que concede manga ancha a la
Presidenta del INE, para que haga nombramientos sin necesidad de respaldo del resto de los
Consejeros Electorales. Y en el caso del Poder Judicial, está a un tris de tener Magistrados
obedientes, de tal manera que resulta difícil puedan rechazar sus leyes o decretos por ser
inconstitucionales. Entiéndase, en la práctica, ya no hay (o habrá) contrapesos, ya no hay
órganos autónomos que puedan impedir se cumplan sus deseos.
Unos entregaron espacios de poder y otros, AMLO con paciencia y estrategia, se adueña de
ellos.