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ANECDOTARIO.
POR JAVIER ROSALES ORTIZ.
Suena un tanto ilógico, pero es evidente.
Está a la vista a diario de todos los victorenses y muchos se quejan del
pobre abandono.
Recuerdo, sí bien recuerdo, que recién desempacado del Distrito
Federal, donde estudié en la UNAM periodismo, desconocía la
ubicación de algunas dependencias en Ciudad Victoria, Tamaulipas
por lo que busque información en la céntrica Plaza Juárez, para cubrir
las fuentes que me asigno un periódico local de gran prestigio.
Me senté solo en una banca frente al Centro Cultural Tamaulipas y de
pronto apareció una figura alta, delgada y sonriente, que se acomodó a
mi lado.
En sus manos apretaba varias hojas tamaño carta. Me saludo y me
empezó a hacer plática.
Batallé, pero lo ubique y deslice la mirada hacia todos lados para
comprobar si él llego solo. Ni escoltas, ni operativos y sin precauciones
el personaje me pregunto que si podía recoger mi opinión sobre el
edificio que frente a nosotros lucía casi al final de su construcción.
“Adelante”, le respondí, nervioso.
Me mostró unas hojas donde el Centro Cultural se veía vestido de tres
llamativos colores, que eran gris cemento, amarillo y naranja, los que
al parecer, según se notaba, no eran de su agrado por la mezcla entre
chillones y serios que no le daban buena forma a ese local que se
destino a abrigar la cultura de nuestro estado.
Y es que Ciudad Victoria está compuesta por edificios y casas de
aspecto rustico y tradicional como piedras y colores apagados, por eso
pasan desapercibidos, y que bien chocaban con algunas propuestas que
tienen que ver con la fachada y el interior de esa enorme casa cultural
en esta capital.
Al radicar en el D.F. por más de diez años, aprendí y noté que hay de
todo, una combinación de colores y formas arquitectónicas que obligan
a los turistas a posar bajo su fachada, porque eran bellos, vistosos y
porque rompen con la forma de ser de los años 80.
Y opiné: “Señor gobernador esos tres colores gris, naranja y azul, le
darán vida a la capital tamaulipeca y no atentan contra nada, porque
el tiempo y la vida avanzan y avanzan y es muy bueno pensar en el
futuro y en el legado que Usted va a regalar”.
Me miró, se levantó de la banca y al estrechar mi mano me dijo
gracias, pero también voltio hacia la Catedral del Sagrado Corazón de
Jesús y señaló: “A ese reloj, le falta algo”.

Por mi cabeza nunca paso entrevistar al Gobernador de Tamaulipas
Américo Villarreal Guerra, porque lo que ocupo el tema fueron esos
tres colores que aun luce el ya famoso Centro Cultural, que ha sido
desde 1987 la casa de docenas de conocidos cantantes y actores
nacionales he internacionales, a los que también sorprende el decorado
interno y externo de esa obra.
La duda que me quedo de aquel acercamiento entre un gobernador y
un ciudadano común fue lo que dijo del reloj de la Iglesia y hasta
ahora descifro el caso.
Ese reloj dejo de funcionar en 1922 y ha sido reparado en tres
ocasiones con la colocación de nuevas campanas y equipado para que
nos regale música sacra, que le dan valor, riqueza a todo aquello que se
jacte de ser una provincia completa.
Pero ahora ese aparato campanario se le ve altivo, pero inactivo, por
eso es un acierto que el presidente municipal de Ciudad Victoria,
Eduardo Gattás Báez, le haya dedicado una mirada y prometió que su
reparación es inminente, porque nadie puede negar que es un símbolo
para la capital de Tamaulipas.
Ojala que otros también figuren en su mira.
Porque ese sonido que regalan en horas tempranas.
Son más que, un despertar de agasajo.
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