ORBE

Ma. Teresa Medina Marroquín.-
Los acontecimientos electorales, como el 2024 que ya llegó, se repiten
hasta “el infinito”.
La única “novedad” (y esa historia ya ni la burla perdona) son los
protagonismos de los aspirantes. ¿O le exagero?
Y otra vez, y quiero decir con esto quién sabe cuántas elecciones hemos
vivido sin grandes renovaciones nacionales, el pueblo, la gente, la
ciudadanía, la muchedumbre, la raza pues, volverá a ser ensopada de
visitas, frases, discursos, imágenes, modas, taras y toda una serie de
liturgias y tempestades sociales ensambladas por un sistema político
especializado en preguntas, respuestas e incertidumbres.
Pareciera —¿o es tan básico lo que voy a decir?— que lo único relevante
son los intereses o de plano negocios de quienes ya, de alguna forma,
empezaron a perfilarse para continuar en el poder.
Esto es, les falla mucho, o inmensamente, a los estrategas de los
aspirantes, ha no acomodar en el centro de los escenarios políticos el
clamor de las y los mexicanos.
A la fácil: los aspirantes (en su mayoría) son una especie de dioses que
repentinamente surgen de la nada y buscan la adoración de las masas que,
habiéndoles fallado las deidades de siempre, están ávidas de creer en las
nuevas.
¿PODRÁN CAMBIAR 94 AÑOS DE PARTIDOCRACIA MEXICANA?
Un círculo vicioso y perverso donde por ahora Morena, PAN y PRI, y sus
aliados, PT, PVEM y PRD, que junto al MC, que se dice va “solo” y que
nadie le cree, intentarán cambiar 94 años de historia, desde que Plutarco
Elías Calles inauguró en 1929 al Partido Nacional Revolucionario (PNR), a
fin de defender (según todos estos partidos) el interés superior de la Nación.
“¡No nos hagas reír!”, dirán burlonamente quién sabe cuántos. Sin embargo,
aquí en corto, los personajes que ya se oyen y que incluso ya se pronuncian
en diversos municipios de Tamaulipas, ¿tendrán el derecho a no ser

incluidos dentro del historial de pavorosas crisis económicas, violencias,
asesinatos e historias de corrupciones tan graves e impunes que ni siquiera
han sido dignas de tomarse en cuenta para desde el poder convocar a un
gran duelo nacional?
Por ejemplo, ¿qué traerán de nuevo (pero nuevo de verdad) personajes
como Adrián Oseguera, Olga Sosa, Maki Ortiz, Erasmo González, Úrsula
Salazar y Chucho Nader, que pretenden ser senadores de la república?
Otros que también buscarían un escaño senatorial (y otro día hablaremos
de los que van o desean repetir en alcaldías y diputaciones) son Francisco
Chavira Martínez, Carlos Canturosas Villarreal, Ismael García Cabeza de
Vaca, Edgar Melhem Salinas, José Ramón Gómez Leal, Ramiro Ramos
Salinas y quizá “El Truko” César Verástegui Ostos, varios de ellos, los que
obviamente ya sabemos sí buscan realmente la genuina transición que
busca romper con la herencia dinosáurica de 1929, abiertamente serían
considerados para que el país saliera de una buena vez de ese laberinto
infernal.
Mientras que otros, que viene de gobiernos altamente cuestionados, que
dejaron a Tamaulipas con zonas de terribles oscuridades económicas y
sociales, le apuestan, vaya cinismo, a la desmemoria o ausencia de
información de la sociedad.
SON MAFIOSOS, PERO NO HAN PERDIDO EL MIEDO
En síntesis, la exigencia ciudadana es eliminar a las ideologías baratas que
no sirven para nada, que sólo son banderas para impresionar a la gente y
sin consideración para nadie sólo se presentan a repartirse las posiciones
ofrecidas en el juego político.
Pero de reconstruir en serio son muy pocos los partidos, quizá no más de
uno el mismo que trata, a base de lidiar con graves enfrentamientos, que la
gran plaza nacional deje de estar tomada por las mafias que dominaron el
pasado.
Las mismas que no quieren entender, porque para nada les conviene, que
el país se está hundiendo por causa de una ola de corrupción e impunidad
insoportable, y cuya naturaleza torcida es tan extrema que suponen que las
traiciones contra un pueblo tan noble pero al mismo tiempo tan dejado,
serán soportadas por tiempo indefinido. No han aprendido de los avisos y
las reacciones electorales, aunque dudo que hayan perdido el miedo.
¡Excelente inicio de semana!

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