La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
El sistema político tamaulipeco, vivió en situación de traslape con el sistema político nacional, por décadas. Es decir: el gobernador tamaulipeco, sólo hacía convergencia por tres años con el presidente que lo había impuesto, postulado, apoyado o apuntalado. El restó del sexenio, -es decir: el trienio restante- regularmente sufría las de Caín: el nuevo presidente, con nuevos proyectos, nuevos cuadros, trataba como emisario del pasado al Ejecutivo estatal heredado.
Al parecer, vamos a vivir una paradoja: el Ejecutivo estatal actual, ganará la presidencia de la república con su candidata; pero podría perderse el papel estelar en el proyecto de nación.
En efecto: la IV T tamaulipeca, juega con la poderosa Claudia Sheinbaum.
Y según la estadística, es la más probable presidente de la república.
Es decir: el gobierno estatal, saldrá triunfante el 2024. Se pronunció a tiempo; se decantó con oportunidad; ha apoyado con todo a la jefa de la CDMX; en fin: ha hecho pública su militancia en favor de esa precandidatura.
¿Quién lo puede negar?
Con la lógica política del pasado, -o sea: medir los escenarios que corren con reglas del añejo régimen-, la administración estatal, amacizará su hegemonía; los otros actores, quedarán reducidos a añicos -así ocurría hace lustros-.
Bajo esa dinámica, el Ejecutivo estatal, la mitad de su sexenio, era un virrey; muchos, sufrieron ese latigazo: Emilio Portes Gil se marchó a la CDMX cuando ganó el callista, Villarreal; el Meme Garza González, que se vio en la necesidad del exilio, cuando ganó la gubernatura, Enrique Cárdenas González; Manuel Cavazos Lerma, se retiró del estado al arribo de Tomás Yarrington; y el más dramático en tiempos recientes: Eugenio Hernández Flores, fue corrido de Tamaulipas por Francisco García Cabeza de Vaca.
El nuevo sistema político delineado por AMLO, parece ser el cogobierno. De hecho, él empezó a experimentar esa forma de conducir al país: en la primera etapa de su administración, sumó a panistas – Lily Téllez, Germán Martínez, Tatiana Clouthier y otros- priistas y hasta socialdemócratas.
Bueno: hasta neoliberales, sumó.
Sólo hay que recordar al Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, que hizo renunciar por su apego a las recetas dictadas por el FMI.
Es ese el futuro.
La oposición, en su propuesta, le llama gobierno de coalición.
Con López Obrador, se visualiza como cogobierno. Bajo esta forma, los aliados van en concordancia con el programa gubernamental del gobierno; en un gobierno de coalición, cada coaligado es libre de insistir -y mantenerse- en su propia propuesta de gobierno o sumarse a la del proyecto dominante.
Es muy probable, que esa sea la forma de organización de la IV T tamaulipeca después del 2024.
No habrá un ganador absoluto.
No habrá expulsados del paraíso.
No existirán exiliados.
Dominará sí, un cogobierno.
Se requerirá una grande capacidad de acomodo de todos los actores políticos regionales para coexistir en un espacio que ya no será exclusivo de una fuerza sociopolítica.
Un indicio de esa tendencia, serán las candidaturas a alcaldes, diputados y senadores en la comarca.
¿Veremos como aspirantes a representantes de Sheinbaum, Adán Augusto, Ebrard y Monreal?
Es muy factible.
Hace tiempo, Tamaulipas cambió.
Sólo falta poner en marcha, la capacidad de adaptación de nuestra clase política.