DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


Estoy consternado por lo que está sucediendo en la frontera, tanto norte como en el sur. El
drama de los migrantes creo que a todos nos duele, nos impacta. Las imágenes, la mera
verdad, nos llegan al alma: ver no solo a adultos, sino también a menores de edad y, en
ciertos casos, hasta solos, nos indica que en este mundo algo no está funcionando bien.
Huyen, quizá no del país originario, pero sí de la pobreza y ponen enfrente su decisión
férrea, de aspirar a una vida mejor.
Las palabras de los políticos, de aquí y de allá, no sirven ni de paliativo, son demagogia
pura, porque al ánimo de buscar el camino para una vida mejor, se topan con las políticas
públicas de uno u otro país, en especial de Estados Unidos, y de México que le hace el
juego. Podrán decir que la actuación de México es por presión de Estados Unidos, de eso
no cabe la menor duda, pero AMLO con su bandera del humanismo tiene el deber, la
obligación, de establecer políticas acordes con su visión.
JAVIER, EL ASPIRACIONISTA.
Tiene el ser humano, de aquí y de allá, de pugnar por una mejor vida. La respuesta,
inequívoca, es que sí. Por eso, si revisamos la historia de éxito de algunos indocumentados,
que regresan triunfantes, se puede decir que vale la pena. En este caso, quiero contarles el
caso de Javier, un ecuatoriano que trabajaba en una empresa petrolera; se ganó un premio a
la productividad y fue viajar a México. Aquí hagan de cuenta, deserto, se fue a la frontera,
logro cruzar y llegar hasta Nueva York.
Allá trabajo con un grupo de paisanos. Se dedicó a trabajar, a acumular conocimientos y
experiencias y se convirtió en un “mil usos”: hace trabajos de electricidad, carpintería,
herrería, de aires acondicionados, en fin, ahora esta convertido en un empresario de la
construcción. ¡Ojo!, no en NY: allá conoció a una mexicana, victorense, y ahora vive aquí,
ya es mexicano y no se puede quejar, trabaja y trabaja. Es un exitoso trabajador: va de
vacaciones con su familia a Ecuador, en México ya conoce sus playas, sus centros
arqueológicos, viaja pues. Aspiro a una vida mejor y, creo, que hoy la tiene.
TRABAJADORES MIGRANTES.
Mi esposa es originaria de El Roble y eso me ha permitido conocer a la gente de esa zona.
Y un fenómeno, digamos cíclico, de año con año, es que los jóvenes se van al otro lado, a
trabajar. Van a la segura, con el programa de empleo; duran allá, en promedio 6 o 7 meses
y luego regresan. A esos, a los que van, no he visto que se hagan ricos; pero sí que, estando
allá, envían dinero a sus familiares y cuando regresan disfrutan de las oportunidades que da
el tener un poco de dinero: por lo regular, arreglan las casas de sus papas, la suya propia,
invierten en la huerta, entre otras cosas.
Mi mama tiene sus raíces en Cieneguilla, en la región de Tula. Me ha tocado ser testigo de
cómo los migrantes de esa zona, apoyan a sus familias, pero sobre todo a su pueblo, con

mejoras a la infraestructura que fortalece una mejor vida de la población. Y, les cuento, las
fiestas que hacen, son magníficas: carreras, coleaderas, montar a los becerros, la música en
los bailes tradicionales. Por cierto, ya en Cieneguilla se publicita las fiestas patronales de
San Isidro y, quienes arman el jolgorio, son los migrantes que visitan a sus familias.
EL VALOR DE LOS ASPIRACIONISTAS.
Al Presidente AMLO no le gustan los aspiracionistas que, por lo regular, son ubicados en el
segmento social de la clase media: despotrica en contra de ellos, los acusa de estar en
contra de la 4T, que fueron ellos los que ocasionaron la derrota de MORENA en las
elecciones locales en la CdMx. La cuestión es que, incluso el mismo, es un aspiracionista…
porque aspira a ser el mejor Presidente de México. Y esa es la cuestión: todos somos
aspiracionista, a menos que seamos unos conformistas.
Los pobres y los que viven en pobreza extrema aspiran a una mejor vida: a comer, a
vestirse, a tener su casa, a que sus hijos estudien, que tengan seguridad médica. Y para que
esto suceda el Estado debe crear las condiciones para que haya empleo y buenos salarios.
Por eso, es bueno eso de que primero los pobres: pero hay que darle educación, salud,
empleo y buenos salarios. No basta, ni es suficiente, con darles dinero: el empleo es la
mejor arma en contra de la pobreza.
FALLA DEL ESTADO.
Aquí y en otros lugares el Estado ha extraviado sus propósitos de bienestar social. Los
extravía cuando sus gobernantes se coluden con el poder económico y crean condiciones
para concentrar, y no repartir, la riqueza: es lo que ha sucedido en México y, se entiende, en
otros países; la consecuencia, la conocemos todos: la crisis de los migrantes. Si, de aquellos
que migran en busca de una mejor oportunidad, porque su país es incapaz de
proporcionársela.