CUADRANTE  POLITICO——–POR  FERNANDO  ACUÑA PIÑEIRO—— 

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   Beneficiaria durante muchos años de un sistema universitario, al cual ella pertenece, en su papel de catedrática, (lo cual implica tácitamente la aceptación  de  esas reglas internas del juego político, y los inalterables mecanismos de la sucesión rectoral), nos extraña que de pronto, Luisa Alvarez sacara las uñas para impugnar la elección de Guillermo Mendoza Cavazos en la UAT.  

     Pareciera que Luisa estuvo  acechando de manera oportunista, para dar el salto hacia el poder, muy al estilo de la escuela talamantista, a la cual suscribe su praxis que estuvo de moda en los años setenta. 

 ¿O es que acaso todas las demás sucesiones rectorales en la UAT  fueron democráticas?  

  Porque de no ser así, entonces tendríamos que preguntarnos: que tipo de apetito por el pastel universitario, fue la que animó a esta dama, para interponer un recurso de suspensión, impugnando la legalidad de la reciente elección uateña.  

 ¿Buscó Luisa, patear, (metafóricamente hablando), las puertas de la Universidad Pública de Tamaulipas, para obtener alguna jugosa negociación? ¿O bien alguien la encuerdó y le dijo al oído  que era el momento de la traición contra quienes un día le abrieron las puertas de la Universidad..?  

 Cualquier cosa que la haya motivado a entablar una querella contra los mecanismos de los recientes comicios universitarios,  está muy lejos de ajustarse a una sana congruencia de carácter político y democrático. 

    Y la acerca más bien, como ya lo dijimos en un inicio, a una deleznable actitud, caracterizada por el cálculo político de tomar por asalto las cumbres  de la nómina naranja. 

    Desafortunadamente para Luisa, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la acaba de parar en seco, en relación a sus pretensiones de echar abajo la reciente elección universitaria.  

 Este  revés legal que acaba de sufrir Luisa Alvarez, la retrata tal cual es,  en su aventurerismo político. No vemos por ningún lado,  a grupos de alumnos o catedráticos que defiendan su causa. En ese sentido, su lucha está no solo perdida, sino balconeada más como una maniobra individual, y muy lejos de ser un movimiento político serio. 

     Sin pretender caer en el maniqueísmo, y a manera de conclusión, nos preguntamos:  

   ¿esto es bueno o es malo? 

  Por un lado, el  fallido experimento de Luisa, suena interesante, desde el momento en que,  se atrevió a levantar la mano, a sabiendas de que no tenía ninguna oportunidad. 

 Pero bajo un segundo enfoque, Luisa no le está haciendo ningún favor a quienes en un futuro busquen construir un movimiento político de consensos en contra de elecciones rectorales.  

  Al contrario, L.A.C acaba de sentar un pésimo precedente, en el futuro camino de eventuales cuestionamientos a la democracia uateña. 

  Finalmente resultó que no representaba ningún liderazgo de académicos o de estudiantes en nuestra máxima casa de estudios de Tamaulipas. 

 O sea, como dicen en el argot de barrio, la Luisa se quiso ir de gane. Y no le pegó el chicle.