DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


Leo información sobre el campo. Y ya no es el que yo conocí. Por un lado, los productores
rurales, tanto campesinos como pequeños propietarios, se quejan de como las políticas
públicas ya no les brindan el apoyo necesario y suficiente; por otro lado, el escenario que
tiene que ver con el agua, es pésimo: las lluvias no fueron suficientes y la escasez será
tremenda que, por decir, en Victoria ya van a comenzar los tandeos… si no hay para tomar,
menos habrá para el riego.
El campo que yo conocí ya no es el mismo. Aquel que conocí en mi niñez ha cambiado,
incluso hasta en la orografía, no se diga en la composición de su población; en los cultivos
y hasta en la propiedad de las tierras. A mediados de diciembre fui a Campoamor, el ejido
de Padilla, que se ubica en el km. 15 en la interejidal de El Barretal y Nuevo Padilla.
Regresé, a Victoria, sorprendido por lo que conocí. Las condiciones de vida se han
transformado de manera gradual y cualitativamente.
NADIE SIEMBRA MAIZ.
Llegue a casa de mi tía Berna. Mi mama y ella, que son casi contemporáneas, platican y se
ríen, mientras una de las señoras está preparando de comer; entre ellas, una sopa de elote
que, me sorprende cuando explique que tuvo que ir hasta Padilla a comprarlos. Y la
explicación es increíble: en Campoamor ya nadie siembre maíz: no hay, dijo mi tía, ni para
las gallinas, menos para poner nixtamal. Hay que ir a comprarlo hasta Padilla.
En otras palabras, la gente ya no disfruta, como en otros tiempos, de cocer elotes, ya fuera
entre las brasas o en una tina. ¿Qué sucedió? Las tierras están sembradas de limones o de
naranjas; pero, además, otro fenómeno es que las tierras fueron vendidas o están rentadas.
Por eso hay familias que yo ya no conozco, unos llegaron de otros lugares o, de plano, se
vendieron o rentaron a personas que ni viven ahí. En un recuento, de la generación de mis
padres, ya pocos viven y de la mía, casi todos emigraron.
NO HAY AGUA.
La escases de agua es brutal. Por ahí pasa el Rio Purificación, de chico era un maravilloso
espectáculo ir al rio; había lugares muy bonitos. Ahora, esta difícil incluso ir a la orilla del
mismo. Su caudal en algunas zonas se disminuye tanto, que para la zona ejidal ya no hay
agua de rio: el famoso canal que cruza varios ejidos, está seco, casi destruido y había un
ramal que cruzaba a un costado de la casa de la tía Berna, está destruido. Hagan de cuenta
que agua para tomar y las necesidades básicas es poca: la bomba se prende solo unas horas
y tienen que guardar en recipientes.
Las tierras sembradas de limón o de naranjas hagan de cuenta se ven bonitas, verdes, llenas
de frutas, porque los nuevos dueños de las parcelas o sus renteros, tienen capacidad para
instalar sistemas de riego mediante pozos y bombas. Y las escasas parcelas, digamos sin

rentar, no se pueden sembrar por falta de agua, ni de temporal porque no hay garantía de
lluvia.
TRABAJAN LA TIERRA.
En buena parte del campo, y Campoamor no es la excepción, una que otra vez recuerdan la
expresión atribuida a Emiliano Zapata: la tierra es de quien la trabaja. Pero eso, ya no
sucede en el campo mexicano. Desde la reforma que hizo Carlos F. Salinas, la tierra
comunal es objeto de venta: la venden los campesinos y las compran quienes tienen dinero
y pueden invertir. Por eso, en Campoamor, casi todas las tierras son huertas… y, hagan de
cuenta, quienes eran sus dueños ahora lo más fácil es que sean empleados de sus nuevos
dueños o renteros: trabajan su tierra, pero ahora como jornaleros.
NI ATOLE DE MEZQUITE.
En parte de la plática con mi tía Berna, y los primos, salieron muchos temas. Y uno de ellos
fue el atole de mezquite, en son de broma dijo una de mis primas: como no llueve, al rato ni
mezquites habrá, ni para hacer el atole de mezquite… En fin, la tierra es prodiga en
alimentos, sin embargo, requiere de ciertas condiciones, entre ellas, la humedad y si algo
falta en Campoamor es el agua para producir.