Por: Oscar Díaz Salazar.-
Un amigo periodista me platica sobre una faceta de la personalidad de Maki Ortiz que yo no conocía, y que mi compañero recién descubrió, en uno de esos eventos que denominan Audiencia Ciudadana. Indignación y pena ajena experimentó el colega, al escuchar la respuesta que obtuvo una madre de familia de condición muy humilde, cuando le solicitó a la presidenta municipal de Reynosa, Maki Esther Ortíz Domínguez, el «apoyo», en monetario, para pagar el transporte colectivo (autobús o pesera) para retornar a su vivienda. La presidenta Maki Ortiz le respondió: no traigo dinero.
Aconsejada por mi amigo, la señora realizó un segundo intento de obtener dinero de la alcaldesa y en esta ocasión si obtuvo una respuesta favorable. Nueve pesos y un gesto de disgusto en el rostro, fue el obsequio de la Doctora Maki Ortiz a esta mujer. «Miserable» es el calificativo que utilizó mi colega. Lo que yo quiero destacar es que la alcaldesa es austera y muy cuidadosa con los centavos, cuando son sus centavos. De su bolsa sale con dificultad el dinero. «Por eso tienen, los que tienen; porque son agarrados», afirman los dichos populares.
Lo que no cuadra es que siendo tan cuidadosa con lo suyo, la señora presidenta sea tan suelta con lo ajeno, tan generosa con lo de otros, tan despilfarradora con lo que no es suyo, porque es de todos. Para dar de lo que es suyo, no hay.
Pero con lo ajeno si hay:
Para hacer festejos masivos de quince años. Para hacer fiestas cada mes a los que cumplen años. Para hacer bailongos. Para traer grupos de moda. Para hacer pachangas en fechas en las que tradicionalmente había ceremonias o sencillos actos simbólicos. Para transferir recursos a escuelas privadas que son propiedad de su familia. Para adquirir vehículos de lujo. Para afiliar al gobierno municipal a organizaciones pro panistas. Para «inscribir» (entiéndase comprar) al municipio en concursos de buenas prácticas de gobierno. Para solventar paseos multitudinarios a caballo. Para que la presidenta y una docena de incondicionales coma, almuerce, meriende y cene en restaurantes de lujo. Para cobrar comisiones y moches que hagan posible la compra de cientos de miles de dólares cada semana. Para que los cómplices que te cuidan el changarro por tres meses, puedan adquirir residencias de cinco millones de pesos. Para que la parentela de tus ayudantes pueda cobrar sin trabajar. Para comprar artículos (Vg. lámparas y agua en garrafones) a precios inflados. Para el pago por el confinamiento de la basura en un «supuesto» relleno sanitario que no cuenta con las especificaciones necesarias ni las acreditaciones legales requeridas. Para contratar a decenas de forasteros por hacer (y robar) lo que pueden hacer los lugareños. Para contratar «porros ciberneticos» que intentan fabricarte una imagen de gente honorable y decente en las redes sociales, a la vez que intentan desacreditar a las voces críticas. Para comprar popularidad, presencia y menciones en las redes sociales. Para rehabilitar los edificios de la familia con recursos públicos. Para pagar rentas muy elevadas por el alquiler de bodegones remozados con recursos públicos, que son propiedad de la familia. Para organizar pachangas semanales con los incondicionales, con buena comida y bebida. Para utilizar el millonario presupuesto de comunicación social en el culto a la personalidad de la presidenta. Para financiar la campaña por la reelección. Para pagar lo que sea necesario para que su Junior juegue a la política.