ORBE

Ma. Teresa Medina Marroquín.-

Ya ha pasado mucho tiempo que el pueblo mexicano dejó de esperar de los servidores públicos, empezando por los federales, los beneficios que daría en su momento el llamado “poder del pueblo”.

Me refiero a la democracia que recordemos es “gobierno del pueblo” o “poder del pueblo” por las palabras “demo” y “cracia”, de origen griego, las cuales en los hechos han venido a ser falsas expectativas de justicia, principalmente para naciones como México.

México, una nación que no inexplicablemente sino explicablemente ha estado en manos de gobiernos falsamente democráticos que han arrastrado al pueblo a niveles de angustia, terror y pobreza.

Grupos de poder que han utilizado a su antojo y conveniencia los registros legales de algunos partidos políticos para llegar hasta la Presidencia de la República, y al mismo tiempo tienen al país postrado en medio de una situación de caos.

A PROPÓSITO DE AMÉRICO, ‘TRUKO’ Y DIEZ GUTIÉRREZ

La primera pregunta que surge, dada la evidencia de que si bien no todos son criminales en los gobiernos, pero sí son muchos los que con pensamientos y actuaciones torcidas llevan a los hechos sus intenciones de voracidad económica a través de métodos muy agresivos, es si en las seis elecciones de gobernadores que están en proceso se dan una serie de reflexiones respecto de este tema, o si la mayoría de los candidatos sólo le darán la vuelta al clamor social por cobardía o porque (ojo aquí) son cómplices de esas mafias poderosas.

Pero como decía al principio, ya son muchos años de sufrir este tipo de plagas y calamidades, por lo que a lo menos debieran emprender una purga contra la burocracia federal convertida en una desgracia para el pueblo al saberse protegidos por sindicatos corruptos que presumen son intocables.

Podrá el Gobierno Federal tener las mejores de las intenciones con la población, pero todo es cuestión de que esas intenciones lleguen a manos de la burocracia para que todo se eche a perder, que todo se pudra, quedando la ciudadanía como un contingente de pedigüeños, pordioseros, mendigos que ruegan por la “misericordia” de ese “dios burocrático” que si lo desea puede fulminar a cualquiera o si lo enfurecen es capaz de detonar una iniquidad social de proporciones aterradoras.

Sería una gran decisión que al menos aquí en Tamaulipas los candidatos Américo Villarreal Anaya, César Augusto Verástegui Ostos y Arturo Diez Gutiérrez Navarro planeen exigir al Gobierno Federal que las acciones de su burocracia dejen de ser esa sobrecarga de sufrimiento y preocupación constante.

No es necesario señalar tal o cual dependencia federal para que sepamos lo que ocurre, cuando que todo mundo está enterado que los servicios y las atenciones de esos trabajadores hacia la población son de nivel de pánico.

Difícil tarea para los candidatos tamaulipecos en sus afanes a llegar a Palacio de Gobierno, pues tratar con la Federación para realizar las gestiones que usted guste y mande equivalen a una misión imposible.

Olvidan desde la Ciudad de México que los recursos públicos que se manejan desde allá y que son llamados “recursos federales”, en realidad son recursos de los estados con los que se pagan las nóminas de los empleados federales, hasta los del IMSS e INFONAVIT que son de operativas tripartitas (gobierno, patrones y sindicatos).

SANGUIJUELAS QUE SE DICEN “TRABAJADORES”

Es tal la “mentalidad” de sanguijuelas de los supuestos “trabajadores” del Gobierno Federal, que la mayor parte de sus trabajos los desempeñan trabajadores eventuales desde operativos hasta enfermeras y médicos.

El escenario es dramático por la absoluta falta de conciencia de los trabajadores de “base” que en su mayoría no trabajan, no hacen nada, estorban y maltratan a la gente, y muchos de ellos cometen ilícitos cuya carga son una amenaza latente y destructiva a la que ninguna autoridad le ha puesto freno y mucho menos remedio.

Esperemos que los candidatos se atrevan a tocar el tema, exigiendo que la burocracia federal construya con la gente el día a día de la patria.

Para que esto ocurra mucho dependerá de la voluntad del Presidente de la República y de los Secretarios de Estado, y de que los sindicatos le bajen dos rayitas a sus ínfulas de “poder”, o les apliquen la ley.

¡Excelente inicio de semana!          

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