Golpe a golpe

Por Juan Sánchez Mendoza

Este día, en el Centro de Excelencia del campus Victoria, tendrá lugar el segundo informe de labores del rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), Dámaso Anaya Alvarado, ante la Asamblea Universitaria.

Será un evento austero, acorde a los nuevos tiempos.

Difundido de manera virtual a toda la sociedad y vía videoconferencia a la comunidad ‘uateña’ que puebla los 26 planteles.

El médico veterinario zootecnista dará conocer los logros y avances de su administración puntualmente, destacando las acciones realizadas en favor del fortalecimiento académico y del bienestar estudiantil.

Por cierto, uno de los grandes pilares de su gestión, es el programa de becas, pues ha logrado que el 50 por ciento de la matrícula total –estimada en más de 42 mil estudiantes, desde preparatorias hasta posgrados–, esté involucrada en este beneficio institucional, lo que significa que uno de cada dos alumnos recibe ese respaldo.

La transformación de la UAT es harto significativa, como lo confirma su infraestructura, enfocada en la modernización de aulas, laboratorios, la construcción de techumbres y la mejora de espacios comunes para elevar la calidad de la enseñanza.

Otros temas que seguramente detallará Dámaso Anaya, se relacionan con los avances en materia de certificaciones y acreditaciones de los programas educativos; así como el fuerte impulso dado al deporte y la vinculación con la sociedad, buscando siempre la excelencia universitaria con visión humanista.

Partidocracia omisa

El sistema de partidos que prevalece en México exhibe tendencias políticas diversas, aunque coinciden en no profesar concretamente ideología alguna y sí, una mescolanza de intereses.

Igual registra las fracturas interpartidistas más graves de la historia, ya que cada una de sus tribus de u otra forma se identifica con el membrete al que está afiliado –eso supongo– más no por ello comulga del mismo modo con todos sus compañeros de aventura.

Así tenemos la representación de la derecha radical y moderada, en el Partido Acción Nacional (PAN); la vertiente del centro, abanderada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); y la expresión de izquierda o progresista, en sus muy variados matices, en Movimiento Regeneración Nacional (morena).

Se supone que el Partido del Trabajo (PT) se alinea con la izquierda, mientras que Movimiento Ciudadano (MC) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) tienden hacia el centro.

Igual, se supone que esos seis partidos, registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE), están obligados legal y moralmente a definir su perfil a través de una declaración de principios, estatutos y programa de acción, tal y como lo marca la reglamentación oficial, a fin de que los militantes y ciudadanos en general conozcan los documentos básicos que rigen la vida del membrete en el que están involucrados o es de sus simpatías, pues ello les permitiría enriquecer la cultura cívica y acabar con el lastre que significa el analfabetismo político, que lamentablemente crece al ritmo en que se preparan las nuevas generaciones.

Obligación desatendida

En estricto apego a la legalidad, los seis partidos políticos deben impulsar la democracia, afianzar las libertades, animar la pluralidad, configurar un estado más justo y equitativo, promover el desarrollo, brindar posibilidades de expresión y participación a la gente, garantizar el empleo, la salud y la seguridad, entre otras acciones.

Los distinguen las estrategias y tácticas utilizadas para arribar al poder o conservarlo, y, desde luego, posicionarse en el segmento de la sociedad por el cual han decidido tomar parte y cuyos intereses dicen defender.

Así, un partido que se inclina a favor de los grupos privilegiados y defiende la propiedad privada, la libre competencia del capital y la explotación de la mano de obra, puede ser tipificado como de derecha.

En contraparte, las organizaciones que se identifican con los trabajadores, la propiedad pública y buscan mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías, estarían considerados en el ala de las hoy llamadas izquierdas.

El llamado centro o justo medio, por su parte, se supone que retoma los modelos de uno y otro bando y trata de mantener el equilibrio; acepta la existencia de un régimen de economía mixta y, por supuesto, justifica la lógica empresarial y dinámica del mercado, pero busca que haya una adecuada repartición de la riqueza que genera toda actividad económica bien conducida, en aras de sacar al país del atraso en que lo han metido los regímenes neoliberales, conservadores y liberales.

En general, éste es el esquema en el que los partidos enmarcan su origen y funcionamiento. Y por supuesto que no hay fórmulas ni reglas que se sigan al pie de la letra. La coincidencia y característica, en todo caso, es que los dirigentes partidistas hoy son flexibles y pragmáticos.

Buscan el poder a como dé lugar, sin importar ideologías o principios.

Lo que sirve y es útil a la causa, resulta bienvenido.

De ahí que las actitudes, valores e ideología pasen a un segundo o tercer plano.

Poco importa el debate y la contraposición de proyectos. Más bien se privilegia la imagen y la personalidad de sus dirigentes y en algunos casos de sus cuadros más destacados.

Bajo esta tesitura, es común observar cómo los políticos, los líderes sociales y de opinión, brincan de un bando a otro por la inercia de la jugada y con el ánimo de mantenerse dentro del presupuesto.

Como fuere, hacia el interior de éstos partidos sucumben la mística y la vocación de servicio.

Y es que, lo que motiva a quienes los membretes usufructúan, es mantenerse vigentes y conservar el mando o acceder a éste, a como dé lugar.

Principios, valores, ideología… ¿qué es eso?

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