Por: José Medina

Ciudad Victoria.— El diputado local Alberto Moctezuma Castillo, presentó una Iniciativa con proyecto de decreto por el que se adiciona un artículo 49 ter al Código Municipal para el
Estado de Tamaulipas, al tenor de la siguiente: Hablar del Trastorno del Espectro Autista no es hablar de cifras frías, es hablar de niñas, niños, adolescentes y adultos que enfrentan todos los días barreras invisibles, pero profundamente reales: barreras para comunicarse, para aprender, para integrarse y, muchas veces, para ser comprendidos.

«Recordemos que los municipios son el primer contacto con la ciudadanía, tienen una enorme capacidad de transformar realidades cuando se articulan con los sistemas DIF, el sector salud y las instituciones educativas.
Por ello, esta iniciativa busca generar conciencia, impulsar voluntad institucional y promover acciones concretas, ya sea mediante la creación de centros de atención, convenios intermunicipales, o el fortalecimiento de servicios existentes, para personas con trastorno del espectro autista.

La presente iniciativa reconoce dos principios fundamentales:
Primero, la urgencia social de ampliar la cobertura de atención para personas con Trastorno Espectro Autista.
Segundo, el respeto a la autonomía municipal y a su capacidad presupuestaria, evitando imponer cargas desproporcionadas, pero sí incentivando acciones progresivas, responsables y solidarias».

Reconoció el legislador de El Mante, que esta realidad no es ajena. Existen esfuerzos importantes en algunos municipios; sin embargo, aún persisten regiones donde el acceso a servicios especializados en autismo es limitado o inexistente, obligando a las familias a trasladarse grandes distancias, asumir altos costos o, en el peor de los casos, abandonar los procesos terapéuticos.

Quien afirmó que esto, genera una profunda desigualdad: el desarrollo de una persona con autismo no debería depender del lugar donde nace.
Pero más allá de la norma, existe una realidad social que nos interpela: madres y padres de familia que se convierten en terapeutas improvisados, que luchan contra la desinformación, que enfrentan la falta de espacios adecuados y que, aun así, no se rinden.