EN PERSPECTIVA
Por: Omar Orlando Guajardo López
Hay una regla que todos conocen, pero nadie dice en voz alta: sin partido no hay futuro. Y eso es lo que empieza a dibujarse en Tamaulipas rumbo al 2027.
Durante años, el grupo político que encabezó Francisco García Cabeza de Vaca controló el PAN, el gobierno, el Congreso y las candidaturas. Ese era el poder real en Tamaulipas. Pero todo tiene ciclos y se notan cuando el poder empieza a moverse: primero se pierde el gobierno, luego el Congreso, la Fiscalía, las alcaldías, las posiciones menores y, al final, el partido.
Por eso hay un hecho que parece menor, pero profundamente simbólico: la licencia que pidió su propia hija, Sofía García Gómez, a la regiduría en Reynosa. Las retiradas casi nunca son casuales. Son señales de que el tiempo cambió. Y ocurrió justo antes de que la dirigencia nacional del PAN, encabezada por Jorge Romero, interviniera para ordenar la renovación del partido en Tamaulipas, un proceso que pone en riesgo el control que durante años tuvo ese grupo político a través de la dirigencia estatal que encabezaba Luis René Cantú.
En esa disputa interna aparecen nombres que no son nuevos en la política tamaulipeca: César Verástegui, Gloria Garza, Ismael García Cabeza de Vaca. No es una discusión ideológica, es la lucha por el control del partido rumbo al 2027, porque esa es la verdadera pelea: quién va a decidir las candidaturas.
Al mismo tiempo, empieza a moverse otra pieza: Somos México. A nivel nacional lo encabeza Guadalupe Acosta Naranjo, quien casualmente fue representante del gobierno de Tamaulipas en la Ciudad de México durante el sexenio de CDV; en territorio tamaulipeco lo organiza Joaquín Hernández Correa, hijo de “La Quina”. No hay una relación formal pública con Cabeza de Vaca, pero tampoco es un grupo políticamente ajeno: son los mismos actores, las mismas alianzas y el mismo bloque opositor que ya ha participado junto en elecciones anteriores.
Somos México todavía no es partido. Para serlo necesita al menos 200 asambleas distritales válidas ante el INE, con un mínimo de 300 afiliados por asamblea y un padrón nacional superior a los 256 mil afiliados. En la revisión del proceso, decenas de asambleas han sido observadas e invalidadas —más de 40— por inconsistencias, registros duplicados o falta de quórum, por lo que han tenido que reponer reuniones y volver a afiliar militantes. El registro no se resolverá hasta dentro de unos meses. Es decir, hoy Somos México es una intención política, pero todavía no es una realidad electoral. Y sin registro no hay candidatos, y sin candidatos no hay boleta.
Por eso la mala situación de Cabeza de Vaca rumbo al 2027 ya no es solo política. Es de tiempo, de territorio y de circunstancias judiciales. Porque las candidaturas se van a decidir aquí, los partidos se van a decidir aquí y las boletas se van a imprimir aquí, no en Estados Unidos, donde se encuentra ya sin el PAN y quizá no llegue Somos México a partido.
Es el destino de los desterrados, ver perderlo todo sin poder meter las manos.