Reflector/Gilda R. Terán
Hoy por hoy, el vetusto edificio que en sus tiempos de gloria albergó el cine Avenida, en
donde las familias disfrutaban domingos de matiné, así como tardes de películas de estreno
y grandes “churros mexicanos”, se le dará remozamiento a mediados de este año.
En ese sentido, Pedro Cepeda Anaya, Secretario de Obras Públicas del estado, dio a
conocer que ya cuenta con este proyecto, por lo que esta haciendo números, para
determinar si esta obra de restauración se hace en una o dos etapas.
Aunque, aseguró que por lo pronto darán inicio del remozamiento de la fachada y el techo,
ya en este año, además verán los temas del cambio de tuberías y cableados interiores, así
como elaborar un entrepiso.
Entonces, en estas obras de restauración este famoso cine, no recibirá una “manita de gato”,
sino por las condiciones de deterioro en que se encuentra este histórico edificio, le darán un
“zarpazo de tigre”.
Hay que considerar, que el cine Avenida, después de que fue cerrado por muchos años, se
fue al completo abandono y descuido, lo que fue carne del vandalismo, refugio de
malvivientes y hogar para algunos indigentes.
Por lo pronto, será una realidad el inicio de restauración de este espacio de cinéfilos en sus
tiempos dorados, y será un nuevo espacio para fomentar la cultura y las bellas artes en esta
ciudad capital.
Según la historia, este cine abrió el telón cinematográfico un primero de enero de 1959, y
por varios años, fue el lugar de encuentro de los victorenses y visitantes, en estas salas de
proyecciones, en donde con sana alegría disfrutaban de las películas de moda y de antaño
también.
Se dice que el propietario perteneciente a la familia Chagnón, en la inauguración del primer
filme, ese día regaló a los cinéfilos una coca chica y una torta de jamón y queso, lo cual
entusiasmo a las familias asistentes y por lo tanto no se perdían función alguna en estas
salas de proyección.
Este cine, fue un espacio donde quedaron muchas historias, de felicidad innata, de
romances, además las anécdotas que se contaban que cuando no faltaban los gritos de
“Cácaro” del publico molesto, cuando había interrupción y fallas en las películas.
Se acostumbraba, ya en los intermedios de las cintas proyectadas, salir a comprar algunas
golosinas en las dulcerías de este espacio de entretenimiento familiar, por lo general tenían
mucha demanda las palomitas, los refrescos y chocolates, en fin era toda una fiesta y
algarabía asistir a este cine.
Tuvo su auge en los sesenta, setenta y ochenta, se abarrotaban las salas, eran alrededor de
800 butacas, y durante treinta años las familias disfrutaron a lo máximo, pero ya con el
tiempo decayó y fueron cerradas sus salas justamente en 1992.
Y desafortunadamente, con el abandono de este edificio, fue valandizado invariablemente,
pero aun así ahora con la restauración, en esas viejas paredes quedaron guardadas tantas
historias de las familias que se deleitaron con los filmes de aquellos tiempos.
Sin embargo, ahora con estos proyectos del gobierno del estado, este vetusto cine
conservará su dignidad, pues será transformado en un gran espacio en donde las bellas artes
prevalecerán y así se podrá enriquecer el acervo cultural.
Hasta la próxima.
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