A MI MANERA
Por Tello Montes
-Playa Bagdad reventó taquilla.
- La UAT siembra ciencia y cosecha prestigio.
Mientras en buena parte del país los transportistas amagan con paralizar carreteras este lunes, en Tamaulipas dijeron no. Aquí no hay paro, ni bloqueos, ni chantajes disfrazados de protesta. Aquí hay algo que en otras regiones escasea: control y condiciones para trabajar.
La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga en Reynosa lo dejó claro: el estado mantiene niveles bajos de robo al transporte. El problema —y grave— está fuera, en corredores nacionales convertidos en tierra de nadie, donde la violencia, los inhibidores de señal y los asaltos millonarios son el pan de cada día.
Y es que el contraste es brutal. Mientras rutas como la 57 o la México–Puebla arden en inseguridad, Tamaulipas se mantiene firme, operando y sin
sumarse al caos nacional convocado por la Asociación Nacional de Transportistas.
Las cifras no mienten: miles de robos al año y pérdidas de hasta 15 mil millones de pesos a nivel país. Pero aquí, al menos por ahora, la historia es otra.
Hoy Tamaulipas no se detiene. Y en un México donde las carreteras se vuelven campo de batalla, eso no es menor: es ventaja, es mensaje… y es poder.
EN OTRO TEMA…, Hay cifras que no admiten regateos. Más de 312 mil visitantes en el Festival del Mar no son casualidad, son una señal clara de que Playa Bagdad ya dejó de ser promesa para convertirse en una potencia turística de Tamaulipas. Y cuando a eso se le agrega un cierre a reventar con Grupo Pesado, queda claro que en Matamoros, cuando se quiere hacer ruido del bueno, se hace en serio.
El gobierno de Beto Granados puede presumir, y con razón, que por segundo año consecutivo la playa se metió de lleno entre las más concurridas del estado. No fue solo música, ni solo ambiente, ni solo espectáculo. Fue una mezcla de organización, promoción, seguridad y sentido de pertenencia que puso a miles a voltear hacia la joya turística de Matamoros.
El remate con Pesado fue el empujón final para una fiesta que ya venía encendida. La agrupación no solo llenó, sino que terminó de sellar una noche de esas que se quedan en la memoria colectiva. Que además hayan sido nombrados Visitantes Distinguidos y firmaran el libro honorífico, le dio al cierre un toque simbólico: el de una ciudad que empieza a entender que su vocación turística también se defiende con imagen, orden y eventos de altura.
Y hay otro dato que vale oro: saldo blanco. Porque una fiesta de este tamaño no se mide solo por la multitud, sino por la capacidad de cuidarla. Hubo orden, hubo control y hubo ambiente familiar. Así sí. Porque cuando una playa ofrece diversión sin desorden, espectáculo sin caos y turismo sin sobresaltos, lo que crece no es solo la asistencia: crece la confianza.
Matamoros llenó su playa, llenó su festival y llenó la expectativa. Y cuando los números, la música y la seguridad jalan para el mismo lado, ya no hay pretexto para no reconocerlo: Playa Bagdad está en su mejor momento.
Y PARA CERRAR…, La UAT no solo forma alumnos; también está sembrando ciencia de alto nivel. Con el reconocimiento “Investigación de Excelencia” a la doctora Edilia de la Rosa Manzano, el rector Dámaso Anaya deja claro que la universidad quiere jugar en las grandes ligas de la investigación.
El proyecto, respaldado por la SECIHTI, fortaleció el Laboratorio de Ecofisiología Vegetal con equipo especializado que antes simplemente no existía en la región, entre ello un analizador de gases por infrarrojos clave para estudiar la fotosíntesis y la captura de CO₂.
No es poca cosa: esta infraestructura coloca a la UAT a la vanguardia, impulsa la colaboración científica con estados vecinos y forma estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado con perfil competitivo.
Cuando una universidad invierte en ciencia, no adorna su discurso: construye futuro. Y la UAT, en ese terreno, ya está dando pasos de peso.