La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

Nunca como ahora, los EUA habían estado en terrenos tan cenagosos y peligrosos, como en la república islámica de Irán. Azuzados por Israel con su mito de pueblo elegido de dios, EUA y su presidente Donald Trump, se enfrascaron en una aventura con un análisis fantasioso de que enfrentarían en una guerra convencional -aviación con la activación de sus bombas para destruir al vuelo la estructura militar bélica de los iraníes y luego de esa tarea (decían sencilla para ellos), lanzar por tierra a su infantería y demoler el régimen político de los Ayatolas- del orgulloso como milenario pueblo persa.
En los primeros días del conflicto, EUA e Israel, anunciaron la aniquilación de casi todo el material de guerra de los persas.
Los servicios de inteligencia de Norteamérica y de los israelíes, fallaron.
“El 90 por ciento de su material ofensivo ha sido anulado”, con un optimismo desbordante anunciaron los invasores.
Fue el principio de la larga lista de errores de Trump y Netanyahu.
Esos anuncios de los belicosos cayeron en pedazos no por la retórica persa; fueron fragmentados con hechos y en el campo de batalla.
Irán no sólo no fue demolido, como festinaron los señores de la guerra: van en la 91 oleada ofensiva contra Israel y sus aliados en el Golfo Pérsico.
Es decir, si contabilizamos los días en que se ha desarrollado la guerra, ¡son de forma intermitente tres oleadas diarias! que han azotado principalmente a Israel haciendo añicos sus hasta antes de la lluvia de misiles de todo tipo, escudo de hierro y demás defensas que operaron por décadas como infranqueables.
Hoy son chatarra.
Otra falla de los gringos e israelíes: ir a la confrontación, con armas que han sido convertidas en caducas, obsoletas por la tecnología iraní que reclama para sí el uso de la matemática desde tiempos prehistóricos.
Miles de israelíes se ven diariamente asustados buscando refugios antiaéreos llorando, justo como lo hicieron los palestinos huyendo del genocidio del sionismo y sus socios los nazis.
Irán no vive las desgracias de la guerra como sus enemigos. La muerte es el martirio; o sea: morir por su patria, por su gobierno y por su dios es la vida eterna.
La lógica occidental jamás entenderá la cosmovisión que ha persistido en la mentalidad de los persas, desde hace al menos cinco mil años.
La larga lucha anti-imperialista de Vietnam dejó enormes lecciones a todas las luchas de liberación de los pueblos del mundo.
De hecho, el caso vietnamita es el ejemplo más concreto del colapso de la guerra moderna. La postmodernidad en los asuntos bélicos se trasladó -dentro de otras cosas- hacia el subsuelo: gran parte de los enfrentamientos no se dieron en la selva; se dieron bajo la selva: una compleja red de túneles que hizo al ejército de Ho Chi Min invisible y por lo mismo imbatible.
¿Recuerda algo, la estrategia de los iraníes de construir un tejido de túneles en donde ocultaron las fábricas de misiles y sus plataformas de lanzamiento?
Las guerras imperialistas, son ya de otras épocas