Palabras libres
Por Edgar Joel Yépez Ibarra
Desde el mirador de la serenidad y la conciencia…
Con frecuencia, otorgamos el título de «humanista» a quien carece de su esencia. Debemos recordar que el humanista se distingue por generar consensos naturales y afectos genuinos, priorizando siempre la razón y el diálogo sobre los intereses partidistas.
Un espíritu humanista no utiliza el podio para sembrar encono o división. Al contrario, exige que la ley se aplique con imparcialidad y respeta a la persona por su valor intrínseco, no por su cargo o color político. Frente a quienes usan el reflector para simular una bondad inexistente, el humanista responde con la transparencia de sus actos.
Su empatía nace de la riqueza espiritual y de un compromiso inquebrantable con el bienestar común. Para el verdadero humanista, el poder no es una herramienta de acumulación propia, sino la responsabilidad de gestionar y ejercer con integridad el patrimonio de todos, impulsando un progreso que sea inclusivo y profundamente humano.