A MI MANERA
Por Tello Montes
-El Mezquital: cuando la vivienda deja de ser discurso y se convierte en hecho.
Podrán decir lo que quieran… podrán repetir el discurso una y otra vez… pero en el corral se oye claro: las vacas braman… y no de gusto, sino de hambre.
Porque, aunque intenten tapar el sol con un dedo, la realidad es otra: al PAN en Tamaulipas se le está secando el nopal… y cuando eso pasa, el ganado se desespera.
Ahí tienes a Ismael García Cabeza de Vaca jurando que no hay división, que todo está bajo control, que el partido sigue firme. Pero en lo cortito, las cosas no cuadran.
Porque mientras habla de unidad… también ya anda en acuerdos, en pláticas adelantadas, en el clásico jaloneo de siempre.
Grupos, cuotas, negociaciones… y el desgaste creciendo.
Y aunque digan que “siempre ha sido así”, hoy el PAN ya no es el mismo.
Hoy no gobierna como antes…
y hoy no pesa como antes.
Pero aquí viene la pura verdad, la que pocos dicen en voz alta: a estas alturas, lo único que realmente les queda son las diputaciones plurinominales.
Sí, esas mismas que se reparten desde la cúpula…
esas donde no hay que sudar en la calle ni convencer en las urnas.
Porque siendo francos: los puestos de elección popular ya no les interesan como antes, no porque no quieran… sino porque saben lo que viene.
Y lo que viene es una realidad dura: en el 2027, en las urnas, los pueden hacer pedazos.
Más todavía, el 80% de aprobación de Claudia Sheinbaum, va a jalar votos, arrastrando marca y empujando la maquinaria de Morena.
Por eso el discurso de que “no hay ruptura” suena más a consigna que a realidad.
Porque cuando un partido está fuerte, no necesita explicarse… se nota.
Aquí lo que hay es otra cosa: un partido tratando de sobrevivir, acomodando fichas desde arriba, mientras abajo el terreno se les desmorona.
Porque cuando el agua escasea…
cada quien busca su propio pozo.
Y así está el PAN hoy: aferrado a las pluris, peleando lo poco que queda… mientras el jacal se les viene abajo y el corral se queda sin alimento.
PASANDO A OTRO TEMA…, En Tamaulipas, el programa Vivienda para el Bienestar no se está quedando en el papel. Ahí están los hechos: en El Mezquital, 19 familias de pescadores recibieron casa nueva, en un acto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, en enlace con el gobernador Américo Villarreal Anaya. Para quienes han esperado décadas por un techo propio, esto no es propaganda: es justicia social con llaves en mano.
El dato no es menor. Tamaulipas ya lleva 60 por ciento de avance en la meta sexenal de 84 mil viviendas, mientras la Conavi trae como objetivo 20
mil casas en el estado, de las cuales 3,600 ya están en construcción en varios municipios. En El Mezquital, además, las viviendas para familias de pescadores van con subsidio del 100 por ciento, una señal clara de que cuando hay voluntad política, los apoyos sí aterrizan donde más se necesitan.
Más allá del acto protocolario, el mensaje es directo: cuando los tres niveles de gobierno jalan parejo, los resultados llegan. Y en Matamoros, con la presencia también del alcalde Beto Granados, quedó claro que para muchas familias la esperanza dejó de ser promesa para convertirse en patrimonio.
POR ÚLTIMO…, En tiempos donde abundan los reflectores para la grilla y escasean para el mérito, la UAT volvió a poner a Tamaulipas en alto, pero ahora por lo que realmente importa: talento, ciencia y resultados. El estudiante Fernando Aguiñaga Rodríguez, de la Preparatoria Mante, se llevó el primer lugar nacional en Ingenierías de nivel medio superior en la FEMECI 2026, con un proyecto de alto
nivel sobre nanopartículas de carbón activado aplicado a la investigación del cáncer.
No es poca cosa. Estamos hablando de un joven tamaulipeco que, desde las aulas de la UAT, se metió al terreno de la ciencia dura y salió ganador a nivel nacional. Ahí está la señal más clara de que cuando una universidad apuesta por la investigación, el acompañamiento académico y la formación de nuevos cuadros, los resultados terminan hablando solos.
El rector Dámaso Anaya hizo lo correcto al reconocer este logro, porque estos triunfos no solo prestigian a la Universidad: también desmienten a quienes creen que en Tamaulipas no se puede competir en grande. Sí se puede. Y Fernando Aguiñaga ya lo demostró