Palabras libres

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

El poder político debe ser un instrumento para sumar, unir y construir con honestidad; un espacio donde el diálogo, la verdad y la razón, entre todas las fuerzas sea el camino para solucionar los problemas de la nación. Lamentablemente, en los últimos años, la civilidad, la propuesta razonada y el debate culto han cedido su lugar a la guerra del descredito, desde las más altas tribunas.

Como ciudadanos, observamos con pesar la falta de preparación, de cultura, ética política, y el desconocimiento de los temas fundamentales. Ahora los grupos políticos se ven como enemigos a eliminar, o como grupos con quien hacer negocio, y no como adversarios con quienes debatir sobre temas de la nación para salir del estancamiento; se utiliza el podio para el descrédito y el agravio, bajo la falsa premisa de que pisotear al otro otorga grandeza propia, perdiendo con esto todo valor humanista. Olvidan que la verdadera estatura política se adquiere mediante la urbanidad, la cultura y los valores; para acreditarse, no es necesario desacreditar a nadie.

Es imperativo abandonar la confrontación y la división. Debemos sustituir la máxima romana “Divide et impera”- Divide y alcanzaras el Triunfo-, por una que nos reconforte y nos una bajo el amparo de la honestidad. Es mejor unir para que triunfemos todos, en lugar de sembrar un encono que solo beneficia a las cúpulas mientras el país se fragmenta.